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Saif al Adel y el mulá Omar, blancos prioritarios tras la muerte de Bin Laden

Saif al Adel y el mulá Omar, blancos prioritarios tras la muerte de Bin Laden
Saif al Adel y el mulá Omar, blancos prioritarios tras la muerte de Bin Laden

Saif al-Adel.

Islamabad.- Tras la muerte de Osama bin Laden, su sucesor al frente de Al Qaeda, el egipcio Saif al Adel, y el líder talibán afgano, el mulá Omar, han pasado a convertirse en los blancos prioritarios de la lucha antiterrorista de Estados Unidos.

Envalentonado tras la operación por sus fuerzas especiales contra Bin Laden el día 2 de mayo en Abbottabad, cerca de Islamabad, EEUU ha dejado la puerta abierta a nuevos ataques letales lejos de sus fronteras, que tendrían como objetivos preferidos al líder egipcio y al afgano.

Diversas fuentes sitúan a Al Adel y a Omar en Afganistán o en Pakistán.

Según expuso a Efe el analista paquistaní Mansur Khan Mahsud, el nuevo jefe de Al Qaeda se encontraría “en algún punto de la frontera entre Afganistán y Pakistán”, y apuntó que su nombramiento como sucesor de Bin Laden tuvo lugar hace dos semanas en la provincia paquistaní de Waziristán del Norte, vecina a la línea limítrofe.

Buen conocedor de la región ya que es originario de Waziristán del Sur, Mahsud recordó que “Al Adel fue un coronel del Ejército egipcio” y, por tanto, tiene dotes organizativas, por lo que consideró que su elección es una medida inteligente “para un momento en el que Al Qaeda, que ha sufrido un gran golpe con la muerte de Bin Laden, está intentando reagruparse”.

La versión de Mahsud coincide con la ofrecida por fuentes talibanes sin identificar a los canales de televisión de “Khyber TV” y “Dunya”, que también situaron a Al Adel en la zona fronteriza afgano-paquistaní, de difícil acceso, bajo control tribal y bastión tradicional de grupos insurgentes armados.

Mahsud añadió que otros líderes de Al Qaeda que han ganado poder con la desaparición de Bin Laden son Mohamed Mustafá Al Yemeni, como jefe de operaciones; Adnan Khyseri, como responsable de organización interna, y Mohamed Mustafá Al Yemeni, como encargado de la división africana de la red terrorista.

Consultada por Efe, una fuente de servicios de inteligencia extranjeros dijo no poder confirmar la reforzada importancia de esos nombres en un organigrama complejo, que recordó que es “interino” y cuyo desequilibrio aparente le mereció una reflexión.

“La anterior situación era perfecta: el emir saudí (Bin Laden) y lugartenientes egipcio, libio, yemení… La situación actual desvirtúa la esencia de Al Qaeda”, comentó la fuente, que cree que en el futuro habrá cambios en la cúpula de la red terrorista.

Para Mahsud, esos cambios forman parte de un reestructuración permanente que acabará llevando al egipcio Aymán al Zawahiri -“número dos” de Bin Laden- al liderazgo de Al Qaeda.

En lo que coincidieron las dos fuentes fue en subrayar que la facción saudí parece apartada de la nueva cúpula, algo que puede alimentar la división en el seno de Al Qaeda, que tiene en la sala de espera a otros cabecillas, como el libio Abu Yahya al Libbi.

En el nuevo escenario inaugurado por la muerte de Bin Laden también se han disparado las especulaciones sobre el paradero del mulá Omar, que hasta 2001 dirigió el extinto régimen talibán afgano.

Pocos años después de la invasión estadounidense de aquel año, en el mundo académico y en la comunidad de inteligencia extranjera se llegó al consenso de que el célebre líder talibán tuerto se escondía en Quetta, capital de la provincia paquistaní de Baluchistán, que también albergaría la llamada ‘shura’ o consejo talibán, algo rechazado por el Ejército paquistaní.

Ese consenso no ha impedido toda clase versiones, desde la que se extendió a principios de año de que el mulá permanecía hospitalizado en Karachi, en el sur de Pakistán, a la recogió esta semana de una fuente de seguridad afgana al canal privado “Tolo”, que anotaba que los servicios secretos paquistaníes (ISI) han “pedido” a Omar que abandone Pakistán por un tiempo y se refugie en Afganistán o Irán.

Se trata de informaciones difíciles cuando no imposibles de confirmar: los afganos insisten en culpar a sus vecinos paquistaníes de dar abrigo a líderes insurgentes o terroristas, pero el Ejército de Pakistán siempre niega cualquier colaboración con ellos, y hasta hace poco mostraba su enfado cuando se le sugería que Bin Laden se escondía en este país.

Lo seguro, como razonó Mahsud, es que “no sería prudente que el mulá Omar permaneciera ahora en Pakistán”, un país que en ese caso se arriesgaría a un escándalo comparable al que todavía afronta por haber albergado a Bin Laden en su suelo.

“Si yo fuera el mulá Omar, estaría verdaderamente preocupado”, apuntó tras la desaparición de Bin Laden el general estadounidense Richard Mills, que estuvo al mando de las tropas de EEUU en el sur de Afganistán.

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