El Oligoryzomys longicaudatus, conocido como ratón colilargo, es un roedor clave en la transmisión del hantavirus Andes en Chile y Argentina.
André Rubio, experto chileno, estudia al ratón colilargo, que habita principalmente en bosques templados y tiene un papel ecológico importante.
«Es un roedor nativo y, por ende, está protegido. Cumple sus funciones ecológicas en el ecosistema, ya que dispersa semillas y es el alimento de otros animales. Lo encontramos principalmente en los bosques templados de Chile y en el sur de Argentina», dijo a EFE Rubio, uno de los mayores expertos del país en esta especie.
De hábitos nocturnos, se desplaza dando saltos, ya que posee unas patas traseras muy largas, que lo asemejan a la rata canguro de Norteamérica.
Habita principalmente en el sur de Argentina y en todo Chile, desde el Desierto de Atacama (extremo norte) hasta la región más austral, y prefiere terrenos cubiertos mayormente por malezas o arbustos, cercanos a fuentes de agua.
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Infectados entre el 5 % y el 10 %
Son el reservorio natural de la cepa Andes, la única que puede transmitirse de persona a persona y que ya deja al menos nueve contagios en el crucero de lujo MV Hondius que partió el 1 de abril desde Argentina -cinco de ellos confirmados ya por la Organización Mundial de la Salud (OMS)– y tres fallecidos hasta ahora.
Se desconoce cuántos colilargos hay porque sus poblaciones fluctúan significativamente cada año debido al clima, a la disponibilidad de alimento o a factores antropogénicos, como la deforestación, el desarrollo de agricultura o la colonización de hábitats naturales.
Lo que sí se sabe es que «no todos los individuos están infectados», indicó Rubio, que estudia cómo la intervención humana en los ecosistemas afecta a la trasmisión de zoonosis.
«Los estudios que se han hecho en Chile y en Argentina arrojan que, por lo general, entre el 5 y el 10% de los individuos de esta especie portan el virus y suelen ser principalmente los machos adultos», añadió.
- La tasa puede aumentar hasta un 20% «cuando ocurre el fenómeno de ratadas, es decir, un aumento explosivo de este tipo de roedores», que se reproducen de dos a tres veces por año, con camadas de cuatro a seis crías, según el ‘Programa Hantavirus: Ecología y Enfermedad en Chile’, un trabajo colaborativo entre diversas instituciones nacionales e internacionales.
El contagio a los humanos del virus, que puede causar complicaciones cardiorrespiratorias graves, se produce a través de la inhalación de partículas virales provenientes de la orina de roedores portadores, la saliva y, principalmente, las heces, «que son negras y tienen la forma y tamaño de un grano de arroz», de acuerdo con el ‘Programa Hantavirus‘.
Los colilargos infectados por lo general no se enferman, aunque hay algunos estudios que dicen que el virus «acorta su esperanza de vida» -estimada en un año-, y contagian a otros individuos durante los apareamientos o las peleas, explicó Rubio.
Contagios veraniegos
La OMS investiga el contagio de hantavirus en un crucero; Chile descarta que ocurriera en su territorio debido al periodo de incubación.
Argentina está investigando dónde pudo ocurrir el contagio y ha desvelado el itinerario de la pareja, que cruzó varias veces a territorio chileno.
Chile, sin embargo, descartó este jueves que se hayan contagiado en el país, ya que los ingresos de los turistas «no corresponden al periodo de incubación» del virus.
- La mayoría de los contagios en Chile -que en lo que va de año contabiliza 39 infectados y 13 muertos, pero ningún contagio entre personas- tienen lugar en los meses de verano porque los roedores se acercan a las poblaciones en esta época del año por falta de alimento en los bosques (granos, insectos y hongos) y porque hay más movilidad de personas en zonas rurales y más acampadas.
«Cada vez estamos interviniendo más los ambientes naturales y aumentando, por lo tanto, la exposición que tenemos a los virus», alertó Rubio, quien recomendó ventilar siempre cabañas y bodegas rurales.
El experto, sin embargo, llamó a la calma y explicó que en el crucero se dieron condiciones muy especiales para la proliferación del virus, con poca luminosidad y ventilación.
«Es un virus lábil, que dura poco en ambientes abiertos. Además, la proporción de roedores contagiados es baja y son una especie que, a diferencia de las ratas, no suele entrar mucho en las viviendas», apuntó.
