Redacción Internacional.- Masticar chicle es un hábito cotidiano para millones de personas y, además de ayudar a refrescar el aliento, puede contribuir a reducir el estrés o mejorar momentáneamente la concentración. Sin embargo, especialistas advierten que hacerlo durante largos periodos puede tener consecuencias negativas para la salud de la mandíbula y los dientes.

Diversas investigaciones de neuroimagen han demostrado que esta acción no solo pone en movimiento los músculos de la mandíbula, sino que también activa distintas áreas del cerebro relacionadas con la atención, la memoria y el procesamiento emocional. No obstante, los beneficios cognitivos observados hasta ahora son temporales y desaparecen poco después de dejar de masticar.

El exceso puede dañar la mandíbula

Especialistas de la Cleveland Clinic señalan que el problema aparece cuando el chicle se convierte en un hábito constante a lo largo del día.

La masticación prolongada ejerce una presión continua sobre las articulaciones temporomandibulares (ATM) y los músculos de la mandíbula, lo que puede provocar dolor, chasquidos, crujidos e incluso dolores de cabeza o fracturas dentales en casos más severos.

Las personas que padecen trastornos temporomandibulares o que suelen apretar o rechinar los dientes tienen un mayor riesgo de agravar su condición.

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Hombre mastica chicle y hace una burbuja, hábito que en exceso puede afectar mandíbula y dientes
Fuente externa. Expertos recomiendan limitar el consumo de chicle a menos de 15 minutos al día para evitar molestias en mandíbula y dientes.

De acuerdo con especialistas de Harvard Health Publishing, incluso un ligero desplazamiento de la articulación puede causar molestias intensas al abrir o cerrar la boca, por lo que se recomienda evitar el consumo de chicle si ya existe este tipo de diagnóstico.

¿Cuánto tiempo es recomendable?

La odontóloga Karyn Kahn, de la Cleveland Clinic, aconseja que las personas sin problemas mandibulares limiten el consumo de chicle a menos de 15 minutos al día. Este tiempo ayuda a reducir la sobrecarga sobre las articulaciones y disminuye el riesgo de desarrollar molestias musculares.

En cambio, quienes presentan dolor en la mandíbula, chasquidos o han sido diagnosticados con disfunción temporomandibular deberían prescindir completamente de este hábito y acudir a un odontólogo para recibir una evaluación adecuada.

El tipo de chicle también influye

Los expertos coinciden en que, si se consume chicle, la mejor alternativa es optar por las versiones sin azúcar. A diferencia de los productos azucarados, estos no favorecen la proliferación de las bacterias responsables de las caries y, además, estimulan la producción de saliva, lo que ayuda a proteger el esmalte dental.

Sin embargo, su consumo excesivo tampoco está exento de riesgos. Algunos edulcorantes artificiales, como el xilitol o el sorbitol, pueden producir molestias digestivas, entre ellas hinchazón, calambres abdominales o diarrea cuando se ingieren en grandes cantidades.

Chicles blancos fuera de un paquete sobre fondo rosa, relacionado con riesgos de masticar en exceso
Fuente externa. Expertos recomiendan limitar el consumo de chicle a menos de 15 minutos al día para evitar molestias en la mandíbula y los dientes.

No sustituye la higiene bucal

Los especialistas recuerdan que el chicle sin azúcar puede servir como complemento para la salud oral, pero nunca debe reemplazar el cepillado dental después de las comidas ni el uso diario de hilo dental, que continúan siendo las medidas más eficaces para prevenir caries y enfermedades de las encías.

¿Qué ocurre en el cerebro al masticar?

Estudios publicados en la revista Brain Sciences indican que masticar chicle activa una amplia red de regiones cerebrales, entre ellas la corteza motora, la corteza somatosensorial, la ínsula y el cerebelo. También se han observado efectos temporales sobre la atención, la regulación del estrés y la memoria.

Los investigadores señalan que la intensidad de esta respuesta cerebral puede variar según el sabor del chicle, la velocidad con la que se mastica y el estado emocional de la persona. Aunque existe evidencia de que este hábito modula distintos circuitos neuronales, todavía no está claro si esos cambios generan beneficios cognitivos duraderos.

En conclusión, los expertos coinciden en que masticar chicle de forma ocasional y durante periodos cortos puede ser seguro para la mayoría de las personas. Sin embargo, convertirlo en un hábito prolongado o excesivo puede aumentar el riesgo de problemas mandibulares, dentales y digestivos, especialmente en quienes ya presentan afecciones en la articulación de la mandíbula.