El ébola es una enfermedad causada por un grupo de virus conocidos como ortoebolavirus, identificados por primera vez en 1976 en la República Democrática del Congo.

Estos virus se encuentran principalmente en África subsahariana y pueden provocar una enfermedad grave, con una tasa de mortalidad que, sin tratamiento, puede alcanzar entre el 80 % y el 90 %, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Existen cuatro tipos de ortoebolavirus que pueden causar enfermedad en los seres humanos: el virus del Ébola, el virus de Sudán, el virus del Bosque Tai y el virus de Bundibugyo. Otras especies, como los virus de Reston y Bombali, no han causado enfermedad en personas hasta la fecha.

La transmisión ocurre por contacto directo con sangre u otros líquidos corporales de una persona infectada que presente síntomas o haya fallecido a causa de la enfermedad.

En casos poco frecuentes, también puede producirse tras el contacto con animales infectados, como murciélagos o algunos primates. Los CDC enfatizan que el ébola no se transmite por el aire y que no es posible contagiarse simplemente por compartir un espacio con una persona enferma.

Para reducir el riesgo de infección, las autoridades recomiendan evitar el contacto con personas enfermas y sus fluidos corporales, no manipular animales silvestres en zonas donde circula el virus y utilizar equipo de protección personal cuando exista riesgo de exposición. Además, en Estados Unidos existe una vacuna aprobada, ERVEBO®, dirigida a personas con alto riesgo de exposición al virus del Ébola de la especie Orthoebolavirus zairense.

El diagnóstico se realiza mediante pruebas de laboratorio, principalmente la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), mientras que las personas con sospecha de la enfermedad deben permanecer aisladas hasta confirmar el resultado, para evitar posibles contagios.

Fuente: Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Temas relacionados

ebola