Redacción Internacional.- La pérdida auditiva puede desarrollarse de manera lenta y pasar desapercibida durante años. Aunque el envejecimiento es uno de los principales factores de riesgo, la exposición prolongada a ruidos fuertes, el uso inadecuado de auriculares y algunos hábitos cotidianos también pueden contribuir al deterioro de la audición.
El oído interno contiene estructuras diminutas que convierten las vibraciones del sonido en señales que el cerebro interpreta. Cuando estas estructuras sufren daños, en muchos casos el deterioro es permanente. Por eso, los especialistas destacan la importancia de prevenir la exposición excesiva al ruido y reconocer las primeras señales de pérdida auditiva.
El volumen alto es uno de los principales riesgos
La exposición prolongada a sonidos intensos puede provocar daños que se acumulan con el tiempo. Según la Cleveland Clinic, alrededor de 85 decibelios puede tolerarse durante unas ocho horas, pero el tiempo seguro disminuye rápidamente cuando aumenta la intensidad del sonido.
Los auriculares representan un riesgo particular cuando se utilizan a volúmenes elevados. Teléfonos y tabletas pueden alcanzar niveles superiores a 100 decibelios, una intensidad capaz de provocar daños en pocos minutos. Una señal práctica de que el volumen es demasiado alto es cuando las personas que están cerca pueden escuchar lo que sale de los auriculares.
Conciertos, fuegos artificiales, herramientas motorizadas, actividades deportivas con motores y otros ambientes ruidosos también pueden someter al oído a niveles perjudiciales. Reducir el volumen, limitar el tiempo de exposición y utilizar dispositivos con limitadores de sonido son algunas de las medidas recomendadas.
Fumar y beber alcohol también pueden influir
El tabaquismo constituye otro factor que puede afectar la salud auditiva. La nicotina puede reducir el flujo sanguíneo que necesitan las células del oído interno para funcionar correctamente, mientras que la exposición al humo de segunda mano también se ha relacionado con riesgos auditivos, especialmente en los niños.
El consumo excesivo de alcohol, por su parte, puede interferir con la capacidad del cerebro para procesar determinados sonidos. Algunas investigaciones han relacionado este consumo con alteraciones en las áreas cerebrales encargadas de interpretar la información auditiva.
Estas señales pueden advertir una pérdida auditiva
Uno de los problemas para detectar el deterioro auditivo es que suele aparecer gradualmente. Algunas personas se acostumbran a los cambios y no reconocen que están perdiendo capacidad para escuchar.
Entre las señales de alerta están:
- Dificultad para seguir conversaciones en lugares ruidosos.
- Necesidad de subir constantemente el volumen de la televisión o la radio.
- Sensación de que las voces o sonidos se escuchan amortiguados.
- Necesidad de pedir a otras personas que repitan lo que dijeron.
- Dificultad para entender palabras cuando existe ruido de fondo.
- Zumbidos o pitidos persistentes en los oídos.
Ante estos síntomas, una evaluación auditiva puede ayudar a identificar el problema y determinar si existe una causa que pueda tratarse.
La edad aumenta el riesgo
El envejecimiento es uno de los factores más importantes asociados con la pérdida auditiva. La presbiacusia, como se denomina al deterioro relacionado con la edad, afecta a más de la mitad de las personas mayores de 75 años, según Mayo Clinic.
La exposición acumulada al ruido y el envejecimiento pueden dañar las células y estructuras de la cóclea encargadas de transmitir los sonidos al cerebro. Además, la pérdida auditiva en adultos mayores se ha asociado con aislamiento social, depresión, deterioro cognitivo y un mayor riesgo de caídas.
Otros factores también pueden influir, entre ellos determinados medicamentos, infecciones, antecedentes familiares, exposición laboral al ruido y la acumulación de cerumen.
La alimentación también podría tener un papel
La relación entre alimentación y audición continúa siendo estudiada. Una investigación publicada en American Journal of Lifestyle Medicine, que analizó a 654 personas de entre 60 y 97 años, encontró asociaciones entre una mejor audición y un mayor consumo de pescado, porotos, arroz, té y frutas.
Los investigadores plantearon que algunos alimentos con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias podrían contribuir a proteger la audición relacionada con la edad. Sin embargo, se trató de un estudio transversal, por lo que sus resultados muestran asociaciones y no demuestran que estos alimentos por sí solos prevengan la pérdida auditiva.
Proteger los oídos del ruido, moderar el volumen de los auriculares y prestar atención a los primeros cambios en la capacidad para escuchar siguen siendo medidas fundamentales para preservar la audición a lo largo de los años.