Los tejidos del cuerpo adaptan su capacidad de limpieza a su actividad metabólica

Los tejidos del cuerpo ajustan su limpieza según su actividad metabólica, crucial para el corazón y músculos. Macrófagos eliminan residuos energéticos.

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Los tejidos del cuerpo adaptan su capacidad de limpieza a su actividad metabólica

Madrid.- Los tejidos del cuerpo adaptan su capacidad de limpieza a la cantidad de residuos que generan. Así, aquellos con mayor demanda energética albergan grandes equipos de limpieza formados por unas células del sistema inmunitario llamadas macrófagos, esenciales para mantener el funcionamiento del corazón, los músculos y la grasa parda.

Un estudio liderado por investigadores españoles y que publica Science Immunology ha descubierto cómo los tejidos adaptan su capacidad de limpieza.

El músculo del corazón, que bombea la sangre; el esquelético, que permite el movimiento y mantiene la postura, y la grasa parda, que genera calor, tienen gran demanda energética y producen muchos residuos que han de eliminarse.

Gran parte de esos residuos está formada por mitocondrias dañadas, los orgánulos que actúan como las ‘centrales energéticas’ de las células, transformando los nutrientes en formas de energía que las células pueden aprovechar.

A medida que las mitocondrias se deterioran, son desechadas y, cuanto mayor es la demanda energética de un tejido, más «acaban en la basura», explica uno de los autores, Andrés Hidalgo, del Centro Nacional español de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC).

Para el estudio, el equipo siguió el destino de las mitocondrias en el músculo cardíaco, el esquelético y la grasa parda de ratones, y observó que las ya desgastadas acababan en el interior de los macrófagos.

Al impedir que los macrófagos eliminaran estos residuos, el sistema dejó de funcionar correctamente: el corazón perdió capacidad de bombeo, la grasa parda para generar calor y el músculo esquelético se debilitó, explica el CNIC en un comunicado.

Los tejidos «necesitan mantenerse limpios para funcionar a pleno rendimiento», en palabras de Pura Muñoz-Cánoves, de la española Universidad Pompeu Fabra y otra de las firmantes del texto.

El equipo rastreó el inicio de este proceso de limpieza hasta unas células estructurales llamadas fibroblastos, cuyo número aumentaba en paralelo con la actividad mitocondrial del tejido.

Los fibroblastos producían entonces una señal que hacía que los macrófagos también se multiplicaran, con lo que los tejidos pueden ajustar el tamaño de sus equipos de limpieza a la cantidad de residuos que generan.

Al analizar datos de músculos humanos, observaron que el número de macrófagos aumentaba en paralelo con la actividad mitocondrial del músculo, utilizada como un indicador de su nivel de actividad.

Este equilibrio entre las altas demandas energéticas de los tejidos y el número de macrófagos «parece ser fundamental para nuestra salud», precisó el investigador de la Universidad de California en San Francisco (EE.UU.) José Ángel Nicolás-Ávila.

Además, el metabolismo de los tejidos, la acumulación de residuos y el número de macrófagos cambian con el envejecimiento, agrega Laura Pena-Couso, del CNIC.

Estos hallazgos revelan las señales que conectan estos procesos y abren la posibilidad —dice— de que actuar sobre este sistema pueda ayudar a preservar la función de los tejidos a medida que se envejece.

Los autores consideran que el mismo sistema de gestión de residuos descubierto en ratones podría adaptarse también a las demandas metabólicas de los músculos humanos. 

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