El año pasado, se puso en marcha un estudio sobre la vacuna nasal contra el Alzheimer en voluntarios humanos, Fue diseñada para prevenir o ralentizar la progresión de la enfermedad.

REDACCIÓN INTERNACIONAL.- Entre 1998 y 2019 se habían probado sin éxito más de 100 medicamentos para la enfermedad de Alzheimer. Pero la investigación siguió adelante con nuevos ensayos clínicos que evalúan la eficacia y la seguridad de nuevos desarrollos, y prestigiosos expertos afirman que hay lugar para el optimismo. En un editorial de una revista especializada en el trastorno, dos reconocidos expertos de los Estados Unidos consideran que el mundo ha entrado en “una nueva era de la investigación y el desarrollo de tratamientos para intervenir en la enfermedad de Alzheimer.

Los expertos son Yuko Hara y Howard Fillit, cofundador y director científico de la Fundación para el Descubrimiento de Drogas para Alzheimer de los Estados Unidos. Escribieron recientemente el editorial de la revista Journal of Prevention of Alzheimer’s Disease. Señalaron que “entre la amplitud de los nuevos blancos farmacológicos que se están investigando y que abordan la biología del envejecimiento, el rápido desarrollo y la validación de nuevos biomarcadores y la mejora del diseño y el rigor de los ensayos clínicos, nos encontramos en una nueva era de la investigación y el desarrollo de fármacos contra el Alzheimer”.

También mencionaron que si se tiene en cuenta los múltiples factores que podrían influir en la patogénesis y la progresión de la enfermedad de Alzheimer, y los numerosos procesos biológicos que se deterioran con el envejecimiento “es poco probable que los fármacos dirigidos a un único objetivo tengan suficiente eficacia para tratar el trastorno de forma clínicamente significativa”.

Sin embargo, si se observan beneficios incrementales con algunos agentes, debería considerarse la posibilidad de realizar ensayos combinados. Las terapias combinadas son el estándar de atención para muchas enfermedades del envejecimiento, incluyendo el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, y probablemente serán necesarias para tratar con éxito la enfermedad de Alzheimer.

“En un futuro próximo, pruebas sencillas y baratas, como análisis de sangre, escáneres de retina y/o biomarcadores digitales, podrán identificar un conjunto específico de patologías único para cada paciente con la enfermedad de Alzheimer. Estos biomarcadores, combinados con la información genética (por ejemplo, el genotipo APOE), podrían informar sobre las terapias combinadas óptimas a través de un enfoque de medicina personalizada que se adapte a la biología y patología únicas de cada paciente”, resaltaron.

Es decir, para los prestigiosos expertos, la nueva era para la enfermedad de Alzheimer requerirá que se lleve a cabo una combinación de fármacos para tratar o prevenir eficazmente la enfermedad de Alzheimer después de haber realizado ensayos clínicos que demuestren eficacia y seguridad.

“El Alzheimer es una enfermedad compleja causada por una combinación de factores relacionados con la biología del envejecimiento, por lo que es lógico que tengamos que tratar una combinación de factores para tener un impacto real en la enfermedad”, afirmó el coautor, el doctor Howard Fillit,

En la actualidad se están desarrollando 143 fármacos para combatir la enfermedad de Alzheimer, de los cuales 119 están diseñados para ralentizar o detener la enfermedad. Mientras que los fármacos que destruyen la placa amiloide del cerebro dominaban la investigación hace poco tiempo, hoy en día hay más ensayos de fármacos contra el Alzheimer dirigidos a la inflamación que a esas proteínas.

Los ensayos en curso también abordan una serie de otros cambios relacionados con la edad implicados en el Alzheimer, como el metabolismo, la función vascular, la epigenética (cambios en la regulación de los genes sin alteraciones en la secuencia del ADN) y la formación de células nerviosas.

También se están haciendo avances significativos en los biomarcadores, subrayaron los expertos estadounidenses. Los biomarcadores son “necesarios para el diagnóstico precoz y el reclutamiento selectivo de los pacientes adecuados para los ensayos clínicos correctos. El desarrollo de biomarcadores -en forma de análisis de sangre, escáneres oculares e incluso pruebas digitales basadas en la tecnología- puede ayudar a la detección y el diagnóstico precoces”, expresaron.

Hace apenas 10 años, la única forma de diagnosticar el Alzheimer era mediante una autopsia post mortem. Hoy en día, los escáneres PET cerebrales, las pruebas de líquido cefalorraquídeo e incluso un simple análisis de sangre pueden proporcionar información sobre el estado del cerebro con Alzheimer.

“Los biomarcadores garantizan que se inscriban los pacientes adecuados en cada ensayo clínico y dan a los investigadores los medios para evaluar su respuesta al tratamiento”, afirma la coautora Yuko Hara. “Los biomarcadores hacen que los ensayos clínicos sean más eficientes y más rigurosos, especialmente los ensayos en fase inicial, en los que es vital determinar rápidamente si un tratamiento es prometedor, de modo que los dólares de los ensayos clínicos se gasten en los tratamientos que tienen más probabilidades de funcionar.”

“Como neurocientífico y geriatra, soy más optimista que nunca sobre nuestra capacidad para prevenir, diagnosticar y tratar la enfermedad de Alzheimer”, dijo Fillit. “Con una capacidad cada vez mayor para diagnosticar las causas individuales del Alzheimer en cada paciente, y bastante más de 100 fármacos diferentes en fase de investigación, estamos más cerca que nunca de ofrecer a los pacientes un enfoque combinado personalizado para su enfermedad, al igual que hacemos con el cáncer y las enfermedades cardiovasculares”, puntualizó.

Consultado por Infobae, el doctor Fernando Taragano, coincidió con los expertos de los Estados Unidos. “Es cierto que empieza una nueva era para la enfermedad de Alzheimer de la mano de la confirmación diagnóstica temprana de la enfermedad, que va de la mano del uso de marcadores biológicos. En especial, será de la mano de los marcadores sanguíneos que ayudarán a los actuales radio isótopos que usamos con las tomografías por emisión de positrones”, afirmó.

De acuerdo con el doctor Taragano, los resultados del estudio internacional ÁMBAR (el Reemplazo Plasmático Terapéutico) presentados en 2020 son alentadores. Se implementaron en 2021 en la Fundación ACE de Barcelona, España, y su grupo lo empezó a desarrollar en abril pasado en Buenos Aires. “Nunca en 40 años de investigación se habían logrado valores clínicos tan importantes que modifiquen la evolución de la enfermedad. Pero las investigaciones continúan y las estrategias terapéuticas han recuperado impulso. No solo se usan fármacos sino también plasma, vectores virales promotores de modificaciones saludables y tal vez más pronto que tarde con utilización de la edición génica “las llamadas tijeras genéticas”. El futuro es promisorio”, sostuvo Taragano, quien es profesor, doctor en salud mental y médico neuropsiquiatra también por la UBA

El año pasado, se puso en marcha un estudio sobre la vacuna nasal contra el Alzheimer en voluntarios humanos, Fue diseñada para prevenir o ralentizar la progresión de la enfermedad. El ensayo es pequeño: 16 personas de entre 60 y 85 años con síntomas de Alzheimer recibirán dos dosis de la vacuna con una semana de diferencia. Se trata de un desarrollo que se basa en décadas de investigación que sugieren que la estimulación del sistema inmunitario puede ayudar a eliminar las placas beta-amiloides del cerebro.

Esas placas se forman cuando se acumulan partes de la proteína beta-amiloide entre las células nerviosas. Y la candidata vacunal pulveriza un fármaco llamado Protollin directamente en el conducto nasal. Su objetivo es activar las células del sistema inmune para que eliminen a la placa. De acuerdo con el profesor Jeffrey Cummings, de la Universidad de Nevada, en Las Vegas, el concepto de la candidata vacunal para Alzheimer no es del todo nuevo. Pero resulta prometedor hoy porque los científicos entienden mejor cómo tratar la enfermedad. Un aerosol nasal podría ser mejor para administrar Protollin a las células del sistema inmune que una infusión o un inhalador.