“El dolor es una experiencia subjetiva que configura el cerebro a partir de la interacción de múltiples factores, y entre estos tienen un rol muy importante los factores psicólogos”, explica el psicólogo.

REDACCIÓN INTERNACIONAL.- Sentir dolor en alguna parte de nuestro cuerpo: espalda, cuello, cabeza…es completamente normal. Sin embargo, cuando aparece durante periodos de al menos tres meses, se conoce como dolor crónico o persistente, una dolencia que el 17% de la población española padece.

El dolor crónico es más común de lo que pensamos, al igual que los falsos mitos o creencias que lo rodean. De hecho, según la Sociedad Española de Directivos de la Salud, entre el 40 y el 80% de las consultas médicos están relacionadas con el dolor.

Coincidiendo con el Día Mundial del Dolor, que se conmemoró este 17 de octubre, la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) a través del psicólogo especialista en dolor persistente y profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, Rubén Nieto, ha recogido cinco falsos mitos relacionados con el dolor crónico o persistente.

Cinco falsas creencias relacionadas con el dolor crónico

“El dolor es una experiencia subjetiva que configura el cerebro a partir de la interacción de múltiples factores, y entre estos tienen un rol muy importante los factores psicólogos”, explica el psicólogo.

Junto a Rubén Nieto, ha participado también la psicóloga Mayte Serrat. Entre ambos, señalan una serie de mitos que se han ido generando alrededor del dolor crónico durante los años.

1. Si no se encuentra una causa física, la persona se está inventando el dolor

Cuando una persona sufre dolor pero no hay una causa fácilmente identificable, se puede llegar a pensar que el dolor es inventando.

Sin embargo, como aclaran ambos psicólogos: “el dolor no suele inventarse ni se crea voluntariamente. El dolor siempre es real y se genera con independencia de lo que la persona pueda opinar o pensar”.

La psicóloga también añade que esto se explica porque siempre se ha entendido que cuanto más daño hay, más dolor se siente, pero gracias a la neurociencia se sabe que esto no es así.

“Es posible tener dolor sin un cuerpo físico y es exactamente igual de real que si se tuviera esa parte física”, afirma.

2. El dolor es o físico o patológico

Según los expertos, el dolor no tiene una relación directa con la cantidad de daño físico que pueda sufrirse, sino que es una opinión del cerebro relacionada con la “cantidad” de amenaza o peligro que este interpreta.

Como menciona el especialista: “Polarizar el dolor como físico o psicológico carece de sentido”. Aunque los factores psicológicos forman parte de la experiencia del dolor, este no puede categorizarse exclusivamente como psicológico.

Aún así, dependiendo del estado de ánimo del paciente, la sensación de dolor puede variar, puesto que no es lo mismo afrontarlo con un sentimiento de tristeza o de estrés, que incluso podría derivar en la aparición de lo que ambos denominan como “pensamientos catastróficos”.

3. No se puede hacer nada para ayudar a disminuir el dolor

Sentir dolor cuando alguna parte de nuestro cuerpo está en peligro es normal, e incluso deseable, pero cuando ya no satisface esta función de supervivencia y protección, deja de cumplir su cometido.

“El dolor no implica, necesariamente, que exista daño en los tejidos, pero el cerebro ha aprendido a asociar ciertas sensaciones y percepciones con el dolor. Se trata de enseñar al cerebro a reconceptualizar estas relaciones, reeducarlo. Y esa reconceptualización puede realizarse a través de la educación en neurociencia del dolor, explicando los mecanismos por los que ocurren las asociaciones y a través de diferentes técnicas y ejercicios”, indica Serrat.

De esta manera, es posible evitar el dolor incluso cuando existe un daño real, enseñando al cerebro a crear nuevos conceptos de asociación que permitan generar dolor funcional para nuestra supervivencia, y que elimine aquel dolor persistente que ya no tiene un cometido concreto.

4. El dolor crónico o persistente es cosa de mujeres

La asociación de determinadas enfermedades al sexo femenino, como en el caso de la fibromialgia, puede llevar a pensar que el dolor crónico o persiste es una experiencia que solo sufren las mujeres.

Al respecto, los expertos aclaran que hay un problema de infradiagnóstico de enfermedades como la fibromialgia en el sexo masculino, ya sea por los estigmas sociales que se ciñen al carácter femenino de la misma enfermedad o el estereotipo de fortaleza de los hombres frente al dolor.

5. El entorno de la persona con dolor crónico o persistente no puede hacer nada para ayudar

Al contrario de esto, el entorno de la persona que sufre dolor crónico, puede influenciar a través de su comportamiento en los factores que están implicados en la modulación de dicho dolor.

La solución no pasa porque la persona con dolor deje de hacerse cargo de sus actividades. Pues como ambos psicólogos sostienen, la evitación no es buena estrategia, es necesaria la confrontación, ya que si no, posteriormente, esta persona tendrá mayores dificultades de cara a realizar cualquier actividad.