REDACCIÓN INTERNACIONAL.- Seguramente también habremos escuchado un montón de consejos que aplicar; no cenar mucho antes de ir a dormir, apagar el teléfono para evitar distracciones, limitar la cafeína y, sobre todo, dejar los problemas en la puerta del dormitorio. La teoría nos la sabemos muy bien, pero la práctica es otra historia, sobre todo porque inconscientemente, es posible que nosotros mismos estemos boicoteando nuestro sueño con la forma de gestionar nuestro tiempo, emociones y nuestros propios límites.

1. Cuando una jornada laboral no es suficiente: lo sabemos, o lo sé muy bien, en determinados picos de trabajo es imposible gestionar bien nuestro tiempo y con 8 horas de jornada laboral no es suficiente, así que acabamos con el ordenador hasta altas horas de la madrugada. Consecuentemente, cuando vamos a dormir nuestra mente está agotada pero activa, de ahí que conciliar el sueño sea mucho más difícil porque no logramos desconectar.

2. Dejamos de lado lo que nos preocupa, el famoso “ya lo haré”: si no nos tomamos en serio los problemas o tareas que nos preocupan o nos molestan, nunca nos los quitaremos de encima. Y por supuesto nos los llevaremos también a la cama. Hay que tomar unos minutos al día para resolver aquellos conflictos difíciles que más nos inquietan, sobre todo porque además de conducirnos directamente al insomnio, también lo harán a problemas de estrés o ansiedad.

3. Creemos que podemos dormir menos de lo que necesitamos: es necesario dormir 8 horas. Muchos de nosotros –incluida yo misma-, pensamos que con 5 ó 6 horas es suficiente, pero nuestro cuerpo, y sobre todo nuestra mente, necesita descansar y desconectar, y los estudios dicen que son 8 horas de sueño de calidad lo que necesitamos para lograrlo. Es curioso porque muchas veces estamos cansados ni siquiera sin notarlo.