La mortalidad causada por la COVID en la primera ola se disparó en los hospitales de Brasil al verse desbordado su sistema de salud, con una tasa de mortalidad intrahospitalaria que llegó al 38 %, al 60 % de los que ingresaron en la UCI y al 80 % entre los que necesitaron ventilación mecánica.

Barcelona.-La mortalidad causada por la COVID en la primera ola se disparó en los hospitales de Brasil al verse desbordado su sistema de salud, con una tasa de mortalidad intrahospitalaria que llegó al 38 %, al 60 % de los que ingresaron en la UCI y al 80 % entre los que necesitaron ventilación mecánica.


Esta es una de las conclusiones de un estudio, que publica hoy la revista 'The Lancet Respiratory Medicine', realizado por científicos del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación la Caixa, la Universidad de Sao Paulo, la Universidad Católica de Rio de Janeiro, el Instituto de Investigación y Educación D’Or y la Fundación Oswaldo Cruz.


El trabajo ha analizado los primeros 254.288 pacientes ingresados en algún hospital en Brasil por coronavirus, un 47 % de los cuales eran menores de 60 años, y ha concluido que además de la elevada mortalidad, hubo desigualdades regionales en la calidad de la atención sanitaria.


Según el estudio, la propagación de la COVID-19 en Brasil desbordó a los sistemas de salud en todas las regiones del país, particularmente en aquellas áreas donde ya eran frágiles.


Los investigadores han destacado que la pandemia ha puesto en evidencia la necesidad de profesionales sanitarios, de camas de cuidados intensivos y respiradores en todo el mundo, pero la tasa de mortalidad entre los casos confirmados ha variado mucho entre países, lo que atribuyen a las diferencias en la capacidad y preparación de sus sistemas de salud.


"Hasta hoy, hay datos muy limitados sobre la mortalidad de los pacientes hospitalizados con COVID-19 o sobre cómo los sistemas de salud han afrontado la pandemia en países de ingresos bajos y medios", ha explicado Otavio Ranzani, investigador de ISGlobal y primer autor del estudio.


Brasil, por ejemplo, es un país de ingresos medios-altos con un sistema de salud unificado para sus 210 millones de habitantes, un sistema de salud que, según Ranzani, se ha visto minado por las recientes crisis económicas y políticas y con una gran heterogeneidad en las diferentes regiones del país.


Los investigadores utilizaron datos de un sistema de vigilancia nacional para evaluar las características de los primeros 254.288 pacientes ingresados ​​en un hospital con COVID-19 en Brasil, si requirieron cuidados intensivos o apoyo respiratorio, y cuántos de ellos murieron.


También analizaron el impacto de la COVID-19 en los recursos de atención médica y la mortalidad hospitalaria en las cinco grandes regiones del país.


El estudio revela que la tasa de mortalidad intrahospitalaria fue alta (38 %) y aumentó al 60 % entre los ingresados ​​en la unidad de cuidados intensivos (UCI) y al 80 % en los que recibieron ventilación mecánica.


Aunque la COVID-19 desbordó el sistema de salud en las cinco regiones, las admisiones hospitalarias y la mortalidad eran considerablemente más altas en las regiones norte y noreste de Brasil al comienzo de la pandemia (por ejemplo, el 31 % de los pacientes menores de 60 años murieron en hospitales del noreste frente al 15 % en el sur).


"Estas diferencias regionales en la mortalidad reflejan diferencias en el acceso a una mejor atención médica que ya existían antes de la pandemia", ha subrayado Fernando Bozza, coordinador del estudio e investigador del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas.


"Esto significa que la COVID-19 no solo afecta de manera desproporcionada a los pacientes más vulnerables sino también a los sistemas de salud más frágiles", ha agregado.


Según Ranzani, "el sistema de salud de Brasil es uno de los mayores para brindar atención gratuita a todas las personas y tiene una sólida tradición en la vigilancia de enfermedades infecciosas, pero la COVID-19 sobrepasó la capacidad del sistema".


Los autores concluyen que la alta mortalidad observada en los hospitales pone de manifiesto la necesidad de mejorar la estructura y organización del sistema de salud, particularmente en los países de ingresos bajos y medios, lo que implica aumentar los recursos, desde equipos y consumibles hasta camas de UCI y personal sanitario.