Por un lado, los pacientes deberían estar atentos ante los tratamientos que les proponen: preguntar y asegurarse de que haya ensayos clínicos que los respalden y si están autorizados por la autoridad regulatoria.

REDACCIÓN INTERNACIONAL.- Algunas personas sienten hinchazón y pesadez después de comer. Puede sufrir constipación, diarrea, vómitos, naúseas o acidez con bastante frecuencia. A veces, recurren a la automedicación para calmar los síntomas o van a la consulta médica y les resulta difícil encontrar un tratamiento que dé una respuesta efectiva. En esa búsqueda de una solución definitiva, pueden ser seducidos desde las redes sociales y la web por la oferta de prácticas que incluyen productos para el “intestino impermeable” o las limpiezas del hígado o del colon para su supuesta “purificación”.

Pero desde la comunidad de profesionales de la salud, que incluye al plantel de las reconocidas Clínica Cleveland y Clínica Mayo de los Estados Unidos hasta especialistas de gastroenterología y hepatología de la Argentina, ya se hacen advertencias para tener en cuenta: se están ofertando prácticas como las restricciones alimentarias o las limpiezas colónica o del hígado que son intervenciones no probadas y pueden implicar riesgo de daños para la salud humana.

De acuerdo con la Clínica Cleveland, “muchas personas tienen síntomas gastrointestinales imprecisos y, en muchas ocasiones, las causas son frustrantemente esquivas”. Ante la falta de respuestas claras, el “síndrome del intestino permeable” ha surgido en la corriente principal como un diagnóstico global para la indigestión general, y posiblemente para muchas otras afecciones, alertaron los expertos. “Pero la verdadera hiperpermeabilidad intestinal es demasiado específica y extrema para explicar los síntomas de la mayoría de las personas”, aclararon.

Los expertos de la Cleveland fueron tajantes: “El síndrome del intestino permeable es una condición hipotética que actualmente no está reconocida como diagnóstico médico. Se basa en el concepto de aumento de la permeabilidad intestinal, que se da en algunas enfermedades gastrointestinales”. Es decir, no se considera que el intestino permeable sea una enfermedad.

“El intestino permeable es un mecanismo y no una enfermedad como se promociona erróneamente en redes sociales”, subrayó Edgardo Smecuol, especialista del Hospital de Gastroenterología Bonorino Udaondo de Buenos Aires y ex presidente de la Sociedad Argentina de Gastroenterología.

Con otros colegas, están preocupados porque al difundirse equivocadamente al “intestino permeable” como una enfermedad, se lo usa para justificar las recomendaciones de intervenciones no probadas, es decir, que no han sido evaluadas en su eficacia y seguridad a través de ensayos clínicos controlados y aleatorizados. Esos ensayos sirven para confirmar o descartar si una intervención tiene eficacia para responder a un problema específico.

El intestino humano está recubierto internamente por células unidas estrechamente que permiten absorber nutrientes, impedir la penetración de bacterias patológicas y neutralizar toxinas y antígenos alimentarios. Sin embargo, se puede encontrar una mayor permeabilidad intestinal en algunas personas o frente a algunas circunstancias (por ejemplo, la toma de antiinflamatorios no esteroideos) que determina que se produzca el paso de algunos elementos nocivos para la salud.

Hasta el momento, los estudios de investigación científica han demostrado que las personas que padecen ciertas enfermedades gastrointestinales crónicas tienen intestinos con alteraciones de permeabilidad que dejan pasar moléculas más grandes, potencialmente tóxicas. Parte del trabajo del revestimiento intestinal es actuar como barrera contra las bacterias y otros agentes infecciosos dentro del intestino. Si la barrera intestinal está deteriorada -argumentan los que hablan del “síndrome del intestino permeable- puede estar dejando pasar toxinas al torrente sanguíneo y podría desencadenar una respuesta inflamatoria que a su vez puede generar diferentes enfermedades.

También se ofrece la “limpieza hepática” o del hígado en otros casos. En diálogo con Infobae, Fernando Gruz, miembro de la Sociedad Argentina de Hepatología, coordinador de hepatología en Inmunología Buenos Aires y médico de planta del Hospital Británico de Buenos Aires, comentó que “algunas personas tienen náuseas, diarreas, vómitos, dolor de cabeza y eructos, y creen que está relacionado con un problema en el hígado. Se están promoviendo las limpiezas hepáticas para tratar esos síntomas, pero que no tienen evidencia de eficacia ni seguridad”.

En algunos casos, esas prácticas promueven la ingesta de limón, cola de caballo o ayunos que no mejoran la evolución de la enfermedad que tienen los pacientes, según el doctor Gruz. Adherir a esas intervenciones no probadas puede implicar que la persona demore la consulta a un profesional médico y el diagnóstico y así el cuadro podría agravarse. “También existe el riesgo de que esas intervenciones no probadas generen toxicidad”, alertó.

“A veces se cree erróneamente que las sustancias naturales no tienen efectos adversos. Sin embargo, lo natural no siempre es lo adecuado”, precisó. “Lo mejor es consultar con un médico que evaluará cada caso y hará las recomendaciones necesarias. Si se tiene la posibilidad, se puede consultar directamente con un hepatólogo”, señaló Gruz.

El avance de las propuestas de “soluciones rápidas y mágicas” está en curso. “Algunas personas tienen síntomas como diarreas, constipación o dolores de cabeza frecuentes, que pueden estar asociados a enfermedades digestivas funcionales. Durante las últimas décadas la investigación científica avanzó un montón, pero aún hay un grupo de pacientes que no se consideran satisfechos con la Medicina Basada en la Evidencia. Quizá no están graves, pero les afectan su calidad de vida. Entonces recurren a propuestas que no están basadas en la evidencia, que incluso pueden ser ofertadas por personas que tienen título de médico”, comentó Smecuol.

Por un lado, los pacientes deberían estar atentos ante los tratamientos que les proponen: preguntar y asegurarse de que haya ensayos clínicos que los respalden y si están autorizados por la autoridad regulatoria. Por otro lado, dijo Smecuol, “hay que reconocer que no siempre los profesionales de la salud que se basan en la evidencia escuchan a los pacientes de manera suficiente y que el mismo sistema de salud limita el tiempo de atención. Esos factores pueden hacer que los pacientes sientan que sus problemas no son tenidos en cuenta y que encuentren que sí se los escucha en los lugares donde ofrecen soluciones mágicas”.