Washington, EE.UU.- La Cámara de Representantes de EE.UU., bajo control republicano, inició hoy el debate para revocar la reforma de salud aprobada en 2010, una semana antes de que, en medio de agrias divisiones políticas, el presidente Barack Obama presente allí su discurso sobre el 'Estado de la Unión'.

El debate de siete horas, que se mantiene sobre líneas partidistas, marca el retorno a la normalidad en el Congreso, que suspendió sus actividades debido al tiroteo del pasado día 8 en Tucson (Arizona).

Ese incidente dejó seis muertos y una decena de heridos, entre ellos la legisladora demócrata Gabrielle Giffords.

Los republicanos tendrán mañana el voto definitivo de la medida, en lo que será el primer gran voto de la 112 sesión del Congreso, y el primer ataque a las prioridades de Obama.

En general, los republicanos, entre ellos el de Colorado, Scott Tipton, y Joe Walsh, de Illinois, afirmaron que la reforma sanitaria "frena el crecimiento de empleos, aumenta la burocracia gubernamental y agrava la carga para los votantes", y que la solución yace en el sector privado.

A su vez, demócratas como Dennis Kucinich, Nydia Velázquez, y Christopher Murphy, replicaron que su revocación castigará a los trabajadores y al empresariado, y que la reforma es un "imperativo moral y fiscal".

La Casa Blanca aseguró que este debate "no es un esfuerzo legislativo serio".

Los republicanos tienen una ventaja de 241-194 en la Cámara baja, y aún si revierten una de las victorias políticas de Obama, el voto será simbólico y la medida tendría una muerte segura en el Senado.

Los demócratas controlan la Cámara Alta y no tienen intención alguna de debatir la medida.

Además, Obama tiene poder de veto y los republicanos tendrían la ingente tarea de recabar el apoyo de dos tercios en ambas cámaras del Congreso para superarlo.

Los republicanos comenzaron el año con promesas de una mayor transparencia en el proceso legislativo, pero ya se han ganado la repulsa de los demócratas y grupos afines.

Tras el voto de mañana, los republicanos sopesarán una medida para que tres comités elaboren una nueva reforma sanitaria.

Al igual que en 2010, los republicanos siguen insistiendo en que la reforma sanitaria es una costosa injerencia del Estado que eliminará empleos y abultará el déficit.

También rechazan un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso de que revocarla añadiría 230.000 millones de dólares al déficit en la próxima década y dejaría sin cobertura médica a 32 millones de estadounidenses adicionales.

En paralelo al debate, los demócratas y sus aliados saturaron hoy los medios de comunicación con denuncias de que revocar la reforma aumentará los costos y devolverá el poder a las aseguradoras.

"Es algo irresponsable y verdaderamente perjudicará a la gente", se quejó la demócrata Debbie Wasserman, en declaraciones a los periodistas.

El líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, dijo que 129 millones de personas tienen una condición médica preexistente y, si los republicanos se salen con la suya, éstos no podrían cambiar de empleo por temor a quedarse sin cobertura. Eso mismo señaló la secretaria de Salud, Kathleen Sebelius.

Envalentonados tras su triunfo en las urnas, los republicanos también tienen en la mira otras prioridades de Obama, lo que prevé más pugnas en torno a asuntos como el presupuesto y el aumento de la deuda nacional.

Muchos de los nuevos republicanos en el Congreso fueron aupados por el movimiento conservador "Tea Party", que se opone a aumentar la deuda nacional, si bien los políticos más veteranos lo entienden como un "mal necesario".

Ante este escenario, Obama llegará al Capitolio el próximo 25 de enero para su discurso sobre el "Estado de la Unión", en el que delineará sus prioridades y renovará su llamado a la unidad nacional.

De cara a las elecciones de 2012, los observadores vaticinan que la concordia durará poco y que en los próximos dos años Obama tendrá que sortear las turbulentas aguas de un Congreso dividido por viejas pugnas ideológicas.

La reforma sanitaria tendrá protagonismo en los comicios de 2012, en los que estarán en juego la reelección de Obama y la de muchos miembros del Congreso, incluyendo algunos que ahora le plantan cara.