Sobre la presidencia de la SCJ: un falso dilema
El debate sobre la elección del presidente de la SCJ destaca la influencia política en el proceso, sugiriendo deferencia al presidente en la decisión final.
- En 1997, la oposición mayoritaria en el CNM impuso a Jorge Subero Isa.
- Subero Isa impulsó la modernización judicial y creó la Escuela Nacional de la Judicatura.
- En 2011, Leonel Fernández eligió a Mariano Germán y recibió fuertes críticas.
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El proceso de selección de nuevos jueces para la Suprema Corte de Justicia (SCJ) ha generado un debate en círculos jurídicos y de la opinión pública sobre si su nuevo presidente debe provenir desde dentro o desde fuera de la carrera judicial. Una de las ideas que más han sobresalido en este debate, que este articulista comparte, es que la decisión de elegir al presidente y demás miembros de una alta corte tiene un componente fuertemente político y que el presidente de la República, en su condición de presidente del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), debe contar con cierto grado de deferencia por parte de los demás miembros de este órgano al momento de elegir al presidente de la SCJ.
Sin duda, elegir a los miembros de las altas cortes no se puede comparar con elegir a una persona para una posición de alta gerencia en una empresa privada. No se trata de hacer pruebas psicométricas o de IQ para, mecánicamente, seleccionar a quienes alcancen las puntuaciones más altas. Los miembros del CNM deben valorar el carácter, la trayectoria, la experiencia, la vocación de servicio y la visión de los postulantes para tomar decisiones en las que lo político será, sin duda, un factor de peso.
Curiosamente, en las ocasiones anteriores el discurso predominante era que lo político debía estar ausente -algo imposible, debe decirse- del proceso de deliberación y toma de decisión. De hecho, había un nivel de vigilancia, presión, desconfianza y cuestionamiento por parte de ciertos sectores de la sociedad civil y de la oposición que hoy día no existe. Aquellos procesos estuvieron siempre bajo sospecha y sus decisiones puestas en entredicho aun cuando, si bien no perfectos, se realizaron excelentes selecciones en cada uno de ellos.
En todo caso, lo importante es que comienza a reconocerse el carácter político del CNM, aunque su composición plural está llamada a generar un balance y un contrapeso interno en la dinámica de este órgano como garantía de que se tomen en cuenta diferentes enfoques y perspectivas. Por supuesto, en la elección del presidente de la SCJ, como en las demás altas cortes, al presidente de la República se le reconoce una incidencia mayor y su parecer debe pesar en ese momento decisional tan importante en la vida del Estado.
La primera vez que funcionó el CNM en 1997, el presidente Leonel Fernández no recibió la deferencia de los miembros de la oposición, la cual, con mayoría en el órgano, eligió un candidato por el cual el presidente no votó. No obstante, la elección recayó en quien vino a ser un excelente presidente de la SCJ: Jorge Subero Isa. A él le correspondió emprender el proceso de modernización de la justicia, crear la Escuela Nacional de la Judicatura, sentar las bases de la carrera judicial y abrir el Poder Judicial a las corrientes internacionales.
En 2011, el CNM encabezado por el presidente Leonel Fernández eligió al Dr. Mariano Germán como presidente de la SCJ. Por la cercanía personal y profesional entre ambos, el presidente Fernández recibió fuertes críticas por esa decisión, pero el Dr. Germán, un doctrinario, docente y practicante del derecho, tenía las credenciales para presidir esta alta corte. Su fuerte era la parte jurisdiccional, apasionado por las complejidades del derecho y en especial de su componente procesal. Tenía el respeto de sus colegas y ejercía un liderazgo con su estilo sencillo y amistoso.
En 2019 le correspondió al presidente Danilo Medina presidir el CNM que eligió a Luís Henry Molina presidente de la SCJ. Este último, si bien era miembro del partido de gobierno, había jugado un papel importante en la formación de los jueces como director durante muchos años de la Escuela Nacional de la Judicatura. El presidente Medina recibió también fuertes críticas por esa elección, aunque nadie puede decir que Molina politizara la justicia. Sus reformas en materia de digitalización de los procesos judiciales, la cual llevó a cabo a pesar de los difíciles obstáculos que encontró, se validarán con el tiempo, si no es que ya están validadas. Cualquier abogado en ejercicio, por ejemplo, sabe lo que significa poder acceder, desde cualquier lugar del mundo y en cualquier momento, al portal del Poder Judicial, conocer los documentos que están en el expediente, depositar cualquier instancia, escrito o prueba documental, así como tener al alcance de un click toda la jurisprudencia, herramienta clave para desarrollar los argumentos jurídicos.
Ahora estamos de cara a la elección de un nuevo presidente de la SCJ en tono al cual se ha planteado un falso dilema. Quienes abogan a favor de que al presidente Luís Abinader se le conceda una deferencia y un mayor margen de discreción en esta decisión entienden que la única manera de lograr esto es si se elige presidente de la SCJ a alguien fuera de la carrera judicial. Por su parte, quienes abogan a favor de que el nuevo presidente de la SCJ surja desde dentro de la carrera judicial lo hacen con un discurso que limita opciones y pone en entredicho a quienes no sean de la carrera para ejercer un liderazgo efectivo al frente del Poder Judicial. Demás está decir que la Constitución no establece ese requisito.
Ahora bien, reconocer el componente político del CNM y concederle un margen mayor de discreción al presidente de la República en el proceso de selección del presidente de la SCJ no implica, necesariamente, que él sólo tenga que mirar a aspirantes que no sean de la carrera judicial. Nadie puede negar que en esta se han desarrollado talentos profesionales que pueden tener las condiciones -conocimiento, capacidad, experiencia, madurez, visión, vocación- para encabezar la SCJ. No se puede pensar, en consecuencia, que si el CNM elige a alguien para esa posición que sea parte de la carrera judicial se esté socavando la autoridad presidencial o poniendo límites a su autoridad constitucional. Y viceversa, tampoco es correcto pensar que porque el CNM elija a alguien que no provenga de la carrera judicial quede comprometida la independencia judicial o la calidad del liderazgo al frente de ese poder del Estado.
Lo importante es que el CNM pondere bien las diferentes opciones, compare, analice y calibre quién puede hacer mejor trabajo. En ese proceso el presidente de la República desempeña un papel de primus inter pares que, por supuesto, implica una mayor responsabilidad para él. Es muy probable que con el paso del tiempo nadie se acuerde quiénes fueron los demás miembros del CNM que participaron en la elección, pero sí se recordará quién lo presidió. Y esto hace que una decisión colectiva termine convirtiéndose, paradójicamente, en una decisión individual.
