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Salchichones y el buen periodismo

He leído en la prensa que Induveca, empresa fundada por el legendario ganadero Pedro Rivera en La Vega y luego adquirida por los dueños de la Sociedad Industrial Dominicana (SID), intimó mediante acto de alguacil al periódico El Caribe para que rectifique una información que calificó dizque falsa acerca de la elaboración y contenido del salami de fabricación nacional.

Según una nota de prensa divulgada por Induveca, El Caribe publicó que “desde hace más de catorce años no se utiliza carne de res ni de cerdo en la elaboración del salami dominicano”.

La empresa denostada por El Caribe afirma en su nota que “en lo adelante defenderá enérgicamente sus legítimos derechos, tras sostener que durante más de cuarenta años ha garantizado la calidad de los productos que coloca en el mercado para la familia dominicana”.

Lo más curioso es que los propietarios de la SID fueron accionistas y grandes sostenedores de El Caribe en la época cuando ese diario era uno de los líderes de la prensa dominicana, y debe haberles sabido a hiel afirmar que “Induveca declara que es absolutamente falsa la información publicada por El Caribe como la noticia principal de su edición de este miércoles 19 de septiembre”.

En su nota, Induveca dice que intimó mediante acto de alguacil a El Caribe a “rectificar la información en un plazo de dos días” y que “hace reservas de todos sus derechos” pues “Induveca por más de 40 años ha garantizado la calidad de los productos”.

Este caso pone de relieve la importancia de regular quiénes pueden ser dueños de medios de prensa. Es evidente que El Caribe ha incurrido en una flojera ética pues sus propietarios compiten con La Manicera, como se conocía antes a la SID, y han incurrido, por designio propio o estupidez de sus empleados, en un “faux pas” propio de entusiastas “parvenus”,  lo cual difícilmente contribuirá a su necesidad de aumentar su circulación o validar con hechos actuales el valor histórico de su marca, un legado del doctor Germán E. Ornes que difícilmente cualquiera pueda preservar.

Además, las recientes denuncias sobre los salamis quedaron desprestigiadas cuando se hizo evidente que ningún dominicano había resultado afectado por la alegada “pupuseada” de esos embutidos.

Los periodistas profesionales deben incluir entre sus obligaciones ser menos complacientes con los dueños de los medios. Este caso ilustra esto sin duda alguna.

 

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