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Seis meses después de Beijing

Seis meses después de Beijing
Bernardo Vega

El 2 de noviembre de 2018 Danilo Medina se reunió en Beijing con el secretario general del Comité Central del Partido Comunista y presidente de la República Popular China, Xi Jinping. ¿Qué ha sucedido durante los seis meses desde esa histórica reunión? Para comenzar, los protocolos firmados en dicha reunión todavía no se han hecho público y no creemos que se deba a un problema de traducción. Para evitar que cada ministro y director de una entidad autónoma saliera hacia Beijing a buscar lo suyo, como comenzó a ocurrir, el presidente dispuso que toda negociación se concentrase en las manos del Ministro Administrativo de la Presidencia, José Rafael Peralta y del Ministro de la Presidencia, Gustavo Montalvo.

Nuestro reconocimiento de China Continental coincidió con un incremento sustancial en la preocupación norteamericana por las actividades chinas en el tercer mundo, incluyendo América Latina, que han incluído una enorme cantidad de préstamos para infraestructura de impacto geopolítico. Los embajadores norteamericanos en El Salvador, Panamá y nuestro país fueron llamados en consulta, como forma de evidenciar una preocupación geopolítica por el papel chino y cómo este podría afectar la soberanía de la región. El canciller Pompeo continuamente critica la política china, caracterizada por los programas de la nueva ruta de la seda y que han incluido préstamos para proyectos que luego fracasaron, pero de valor estratégico (puertos, minas, p. e.) que entonces fueron adquiridos por los chinos. Precisamente nuestro país fue visitado recientemente por una misión militar china cuyos objetivos y propuestas se han mantenido en estricta confidencialidad.

China se interesó por influir y controlar el sistema telefónico dominicano, como lo hace en su propio país y para esos fines propuso otorgar tecnologías para el programa 911. Es probable que una presión norteamericana, así como nuestro reconocimiento de ese peligro, echaran para atrás el proyecto, que incluía cámaras de reconocimiento facial que ya se utilizan en China para controles políticos y no solo para combatir el crimen. En sustitución, el programa 911 recibió un donativo de varias docenas de camiones de bomberos, los cuales desfilaron por nuestro malecón y que desde entonces no se sabe dónde están. Ciertamente no se han entregado a ningún ayuntamiento, pues son estos los que manejan las estaciones de bomberos. Qué ha pasado es un misterio a lo oriental.

Se ha hablado de un préstamo de US$600 millones para mejorar los cobros de las tres distribuidoras de electricidad, pero como ni estas, ni la CDEEE, cuentan con estados financieros auditados, no son sujeto de crédito y ese financiamiento tendrá que recibirlo el Ministerio de Hacienda. Se presume que hay empresas chinas, privadas, semiprivadas y estatales, interesadas en adquirir acciones en Punta Catalina y los norteamericanos de seguro presionan para que sean empresas de ese país quienes las adquieran y también suplan un carbón que desde hace poco tiempo exportan.

Se habla mucho de millones de turistas chinos, pero los que saben de ese negocio señalan la poca cantidad de estos que visitan Cuba, a pesar de los vuelos diarios desde China y las buenas relaciones políticas, así como también los pocos que van a zonas turísticas físicamente más cercanas a China, como México y Costa Rica. También explican que playas bonitas como las nuestras existen cerca de China en lugares como Vietnam, Bali y Australia.

Un beneficio no esperado de las nuevas relaciones con Beijing se deriva del reciente pleito comercial de Trump con Xi Jinping y el consecuente aumento en los aranceles norteamericanos sobre productos chinos. Empresas norteamericanas que operan en China se están mudando a nuestras zonas francas para exportar desde aquí, bajo el DR-CAFTA libre de aranceles norteamericanos, como también lo están haciendo algunas empresas chinas. Ese probablemente sea el impacto positivo más importante que recibiremos de China, si se mantiene el pleito.

Sigue latente la preocupación norteamericana sobre puntos estratégicos en el Caribe, como lo es el Canal de Panamá y puertos como el de Manzanillo y los de las Bahamas. Los chinos continúan empujando proyectos no rentables, pero que tanto gustan a los políticos dominicanos, como el tren entre Ciudad de Panamá y la frontera con Costa Rica. Pero este podría no iniciarse, dado el reciente cambio político en el istmo.

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