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SANTO DOMINGO, República Dominicana.- En un hecho histórico, este jueves, la Iglesia Católica fue cuestionada por expertos de la ONU sobre los abusos de sacerdotes contra menores.

El Comité sobre los Derechos del Niño fue enérgico al decir que “el ejemplo que la Santa Sede debe dar al mundo debe sentar precedente”.

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Esta mano dura con los pedófilos que pide la ONU nos toca muy de cerca por los dos recientes casos de abuso sexual a manos del clero, Alberto Wojceich Gil, en Juncalito y el ex nuncio Joseph Wesolowski.

Aunque en la presentación de la Santa Sede no se mencionó el nombre de Wesolowski directamente, si dijeron que sería procesado no solo canónicamente por la Congregación para la Doctrina de la Fe, sino también penalmente por el Tribunal del Vaticano.

Añadieron que la investigación está en curso y que el religioso polaco será juzgado “con la severidad que merece”.

Eso es lo que la población en general y especialmente los católicos esperamos del Vaticano, que al ratificar que no puede ser extraditado el ex nuncio, se apliquen las sanciones más severas para evitar que este tipo de crímenes espeluznantes continúen ocurriendo a manos de las personas en que los feligreses depositan su confianza.

Mucho se ha criticado a la iglesia católica por la forma en que manejó este tipo de casos en el pasado, donde solo trasladaban estratégicamente a los sacerdotes pero nunca se enfrentaban a la justicia.

Sin embargo tras los escándalos que conmovieron al mundo, especialmente en Estados Unidos, el papa Benedicto XVI fue el primero en pedir perdón a las víctimas, y exigir una política de “tolerancia cero” contra los autores.

El actual pontífice, Francisco, elegido en marzo, creó a principios de diciembre una comisión para ayudar a las víctimas de curas pedófilos y para evitar nuevos casos.

Ahora le toca al Vaticano pasar de las palabras y las comisiones a los hechos, castigando rigurosamente a los imputados.

Además el Papa debe enviar un mensaje a los diversos países del mundo donde sacerdotes se encuentren en manos de la justicia ordinaria como el caso de Wojciech Gil en Polonia.

Allí tradicionalmente los sacerdotes vinculados a este tipo de delitos no son condenados, cumplen leves sentencias, o las mismas son condonadas.  Es el momento de sentar precedente y decir basta ya.

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