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“Ser Ejemplo”

Un cordial saludo a todos mis queridos lectores.

Hay un refrán que dice: “Las palabras mueven, los testimonios arrastran”. Y eso es muy cierto, pues nosotros donde quiera que estemos, sea en nuestro trabajo, nuestro centro de estudio, el gimnasio, practicando un deporte, etc., podemos sin palabra alguna ser ejemplo para muchos que tienen su mirada puesta en nosotros, para ver como actuamos en ocasiones determinadas. Por eso siempre he dicho que hay que tener mucho cuidado en como actuamos, pues no podemos tener dos vidas. Es más difícil actuar mal y tratar de disimularlo, que actuar bien.

Quiero contarle una historia que llego a mis manos hace unos días, y como no tenia titulo yo le he puesto a este escrito: Ser Ejemplo, y dice así: Un hijo llevó a su padre a un restaurante a disfrutar de una deliciosa sena. Su padre era ya bastante anciano, y por lo tanto, un poco débil. Mientras comía, un poco de los alimentos caía de cuando en cuando sobre su camisa y su pantalón. Los demás comensales observaban al anciano con sus rostros distorsionados por el disgusto, pero su hijo permanecía en total calma.

Una vez que ambos terminaron de comer, el hijo, sin mostrarse ni remotamente avergonzado, ayudó con absoluta tranquilidad a su padre y lo llevó al sanitario. Limpio las sobras de comida de su arrugado rostro, e intentó lavar las manchas de comida de su ropa; amorosamente peinó su cabello gris y finalmente le acomodó los anteojos.

Al salir del sanitario, un profundo silencio reinaba en el restaurante. Nadie podía entender comeos que alguien podía hacer el ridículo de tal manera. El hijo se dispuso a pagar la cuenta, pero antes de partir, un hombre, también de avanzada edad, se levanto de entre los comensales, y le preguntó al hijo del anciano: ¿No te parece que has dejado algo aquí?

El joven respondió: “No, no he dejado nada”. Entonces el extraño le dijo: Sí has dejado algo! ¡Has dejado aquí una lección para cada hijo, y una esperanza para cada padre! El restaurante entero estaba tan silencioso, que se podía escuchar caer un alfiler.

Este joven sentó un ejemplo para todos los que estaban ahí comiendo, porque uno de lo mayores honores que existe, es poder cuidar de aquellos adultos mayores que siempre no cuidaron tan bien. Nuestros padres, nuestros abuelos y todos esos ancianos que sacrificaron sus vidas, con todo su tiempo, dinero y esfuerzo por nosotros, ellos merecen nuestro máximo respeto.

No fue deliberadamente lo que el joven hizo, sino que lo hizo porque le salio de su corazón, y con eso dejo un ejemplo bien claro: “Cuidemos de los que una vez, cuidaron de nosotros”.

Termino con el Versículo 12 del Capitulo 3 del Eclesiástico que dice: Hijo, cuida a tu padre en su vejez y no le causes tristeza mientras viva”.

Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.

 

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