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Si yo fuera Danilo… ¿Y si yo fuera Hipólito?

Tony Pérez.

Los candidatos presidenciales, el peledeísta Danilo Medina y el perredeísta Hipólito Mejía, necesitan despertarse el 1 de enero de 2012 con cambios importantes, sobre todo en sus discursos de campaña, si desean transitar sin mayores escollos la ruta hacia las elecciones del 20 de mayo.

Estas navidades deberían servir para que los estrategas del oficialista Medina abran las compuertas de la reflexión en cuanto a la efectividad de una propaganda muy intelectual, fría y seca, representada por un eslogan indigerible hasta para los animadores de sus actos políticos: “Corregir lo que está mal, continuar lo que está bien y hacer lo que nunca se ha hecho”.

Tal andamiaje de racionalidad propia de elite habría sido eficaz cuando los públicos masivos no existían o eran muy reducidos, y tal vez era posible confinarlos para inocularles mensajes preñados de intencionalidades. Pero hoy no. Vivimos –o sufrimos– otros tiempos cuando las emociones andan a flor de piel y la razón de los privados de buena educación doméstica y formal se ha ido de vacaciones.

Los “propagandeados” de hoy son diferentes, aquí y en la mayoría de los países empobrecidos. Viven en una sociedad con bochornosas asimetrías económicas, políticas y sociales, pero mediáticamente anestesiados para que asuman en paz su desgracia en tanto designio del Señor que tendrá recompensa tras la muerte. Esa gente está formateada por necesidades creadas y, por tanto, es vulnerable frente a las fantasías y terca ante la razón.

Al candidato oficialista le urge, entonces, abandonar el discurso muy técnico y más propio de expertos de claustros exclusivos que ha exhibido hasta el momento, para abrazar un nivel de lengua más popular, que de ninguna manera soez. Necesita apropiarse de recursos emotivos que incluyan el anecdotario popular, para contagiar más a sus públicos. Empatar más con la gente sería un complemento invaluable a la fuerza que tiene ganada con el partido gobernante y un conjunto de organizaciones minoritarias.

Paradójicamente, los estrategas del opositor Mejía se han montado sobre un discurso tan pesado como el del oficialista Medina, a través de la propagación de cuadros y gráficos comparativos con indicadores de desarrollo humano de la región. La mayoría de los votantes del patio no entiende –o no le interesa entender– ese lenguaje. Por frío, distante e ininteligible.

Como si fuera poco, han tenido que salir a explicar el significado de “Llegó papá”, su buque insignia de campaña. Si bien impactó en un primer tramo, éste ha resultado muy vulnerable a la contra-propaganda, lo cual, al parecer, ha acelerado su agotamiento.

La manera de comunicarse y de comportarse que presenta el candidato, sigue exhibiendo rasgos acentuados de una torpeza que no es propia de lo popular. A menudo habla cuando tiene que callar pese a que la ilación no es su fuerte.

Su campechanía le ayuda a identificarse con las “masas”; no obstante, pero esa cualidad colisiona peligrosamente con su actitud frente al presidente de su partido, el Revolucionario Dominicano, y con el celo irracional de su seguridad, que no distingue entre la protección necesaria durante una caminata en un barrio inseguro y una batería de periodistas haciendo su trabajo en un pasillo de un hotel.

Si yo fuera Danilo, cambiaría muchas cosas. Igual que si fuera Hipólito. Mas, como no soy ni uno ni otro, me conformo con advertirles sobre sus riesgosos pasos.

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