Ayer hablamos de cómo termina un gobierno. Hoy hablemos de cómo empieza el próximo, porque en 2028 alguien va a gobernar un país distinto al que heredó Luis Abinader. Un país con expectativas insatisfechas durante décadas, con hartazgo frente a los modelos políticos tradicionales y con el poder capturado por los intereses de unos pocos.
Inequidad y desgaste del modelo político
Es la fórmula exacta que, en otros países, abrió la puerta a las aventuras políticas. Tenemos cero hambre, sí, pero tenemos algo peor que la pobreza: la inequidad, un sistema fiscal débil, con la carga mal distribuida y una economía digital que ya llegó sin las regulaciones que necesita para no convertirse en un sistema salvaje.
¿Qué va a ofrecer quien aspire a gobernar desde 2028? No puede ser más de lo mismo, porque más de lo mismo, en un momento como este, no es continuidad: es abandono. Es dejar el terreno servido para quien prometa romperlo todo.
El reto de gobernar en 2028
No vengan con el mismo programa de gobierno para incumplir. No vengan con el Gabinete de la Acción en Pago Político, donde los puestos se reparten como favores y no por capacidad.
El país que viene exige algo distinto: coraje para reformar lo que no se reformó y honestidad para no repetir lo que ya sabemos que no funciona.
