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Urgente: Sin comunicación no habrá Danilo

Tony Pérez.

En tiempos de vacas muertas, una de las primeras víctimas de la miopía gerencial que predomina en la mayoría de las instituciones públicas y privadas de República Dominicana suele ser la comunicación. Desde ese comodín de la costumbre, muchos opinantes mediáticos agitarán al nuevo presidente Danilo Medina para que comience por ahí los recortes presupuestarios necesarios en la actual crisis económica, en tanto la miran como un elemento cosmético superfluo prescindible en los procesos organizacionales.

Y hasta le aplaudirán de manera resonante en principio, si lo hiciere. Pero, al final del camino de cuatro años, esos mismos se aprovecharán de las debilidades de imagen del Gobierno y le dispensarán sin misericordia un interminable abucheo.

Aunque parezca ilógico, en esta coyuntura, el mandatario debe de por lo menos duplicar la inversión hecha en tal área por el saliente Leonel Fernández. Y avanzar hacia un modelo de gestión de la comunicación que supere al del principio del siglo XX vigente en el quehacer gubernamental, caracterizado por la dispersión, orfandad de prevención y resolución de conflictos, y predominio de una mostrenca concepción de la comunicación como publicidad directa e indirecta, cuando es mucho más que eso.

Dos razones entre muchas que imponen las circunstancias: la vigencia del fenómeno Leonel Fernández y el cambio de modelo al cual aspira Medina.

Fernández cimentó sus ejecutorias a partir de una veneración absoluta a los ritos del régimen presidencialista que impera en el país. Similar a Trujillo y Balaguer, las mega-obras como recurso eternizante de su figura, han sido su estandarte, y ha salido de Palacio políticamente vivo, diferente a Balaguer en 1978, que solo volvió a la “silla” en 1986 tras ser resucitado por el PRD. Y por ello es casi seguro que el paso del tiempo le bendiga con una mayor vigencia, lo cual, paradojalmente, representaría un clavito en el zapato de un sucesor que apuesta a una visión diferente, más integral, pero desconocida entre los perceptores, y de menos impacto para el periodismo sensacionalista.

El nuevo modelo de dirección anunciado por Medina, deviene irreverente al esquema dominante. Más que las infraestructuras faraónicas, priorizará la educación, la producción y los esfuerzos para sacar de la pobreza a uno o dos millones de los cuatro que, de manera vergonzosa, ha parido la inequidad social. Ello no solo requiere de mucha sinergia y rectitud de todos los actores del gobierno, sino del involucramiento de la sociedad general como beneficiaria final. Suena bonito, pero no se descarta niveles de resistencia y boicoteos de todo tipo, incluyendo silencios mediáticos conspirativos, todo como parte del tipo de oposición política que desde todos los frentes se acostumbra en este patio.

En ese escenario, es imprescindible, vital, un paradigma comunicacional como eje transversal de todos los procesos. Y eso no se resuelve con centavos ni improvisaciones profesionales. En modo alguno se trata solo de colocar anuncios o de buscar acólitos y emborracharlos con dos o tres monedas para que griten loas a diestra y siniestra en los medios.

Un gran inversión social –como Danilo Medina ha prometido—no podría siquiera pensarse sin una inversión grande y sostenida en comunicación en términos científicos, a menos que él tenga en agenda desbaratar con los pies lo que bien haga con las manos.

Tony Pérez

[email protected]

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