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Socios en conflicto: Obama/Osama

Socios en conflicto: Obama/Osama
Hamlet Hermann

Quisiera creer las versiones del Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sobre el asesinato de Osama Bin Laden. Pero los de la Casa Blanca tienen que darme un poco más de tiempo para asimilar la versión anterior antes de que la modifiquen. También deben darme un sosiego para comparar lo que ahora me dicen con las otras ocho ocasiones que, en años recientes, han anunciado la muerte del millonario saudí, socio de la familia Bush, convertido en símbolo del terrorismo anti estadounidense.

Para entender este enorme despliegue propagandístico es preciso definir el momento en que tiene lugar. Esta novena proclama de la muerte de Bin Laden tiene lugar días después de que un bombardeo de la OTAN estadounidense asesinara al hijo y a tres nietos del guía de Libia, Muammar Muhammad al-Gaddafi. Asimismo, el aspaventoso obituario del millonario saudí metido a terrorista se manifiesta justo cuando los pueblos de Túnez, Egipto, Yemen y otros se rebelan y movilizan masivamente. De alguna manera había que restarle protagonismo a la lucha de los pueblos para derrocar a las dictaduras que Estados Unidos y la Unión Europea habían sostenido durante varias décadas. La muerte de Bin Laden sería un fenómeno mediático ideal para distraer al mundo.

El tsunami mediático sucede justo cuando el presidente Obama se humilla en una presentación televisada mostrando su acta de nacimiento para contrarrestar a los Republicanos que cuestionaban su nacionalidad. ¿No bastaba su palabra? Su afán de volver a postularse en las elecciones de noviembre de 2012 lo lleva hasta situaciones bochornosas como esa. Nadie dude que pudiéramos estar siendo testigos del ridículo más grande al que podría llegar un Presidente de Estados Unidos si este huracán de propaganda en torno a Bin Laden llega a mostrar visos de gran fábula mediática. Incluso pudiera ser peor que la payasada de George W. Bush cuando se disfrazó de piloto de combate para anunciar que su país había cumplido la misión de vencer el terrorismo en Irak. Seis años después, la única misión que han cumplido es la de apoderarse del petróleo de la Mesopotamia y asesinar un millón de iraquíes.

Todavía con el mejor deseo de creer las diversas versiones que ofrece la Casa Blanca en torno a la muerte del líder de Al Qaeda, el pensamiento lógico me lleva a la conclusión siguiente: si las guerras en Afganistán y en Irak fueron justificadas porque Bin Laden y Sadam Hussein amenazaban la paz mundial, ahora que ambos están muertos los ejércitos estadounidenses debían iniciar su retirada de inmediato. Pero no. El presidente Obama dice ahora que la muerte de Bin Laden hace que el peligro de terrorismo sea mayor que antes y proclama un alerta mundial. Entonces, vuelvo a preguntar: ¿ para qué lo mataron? ¿O todo no es más que un vulgar sainete para promover lo macho que Obama es y sea cooptado de nuevo como Presidente de Estados Unidos?

Obama insiste en exagerar la situación porque sabe que los estadounidenses de estos tiempos están hechos de un material llamado “Miedo”. Para ellos, el temor a algo desconocido, ya sea que lo perciban a que se lo imaginen, se ha convertido en la esencia de aquello que los mueve. Sus pensamientos, sus acciones y sus decisiones más íntimas están condicionados por la inseguridad que les han inculcado, aún cuando forman parte del país más poderoso del mundo. Ese estado de pavor permanente no ha sido espontáneo. El miedo ha sido y es el mecanismo de disciplinamiento que el sistema económico y político de Estados Unidos ha utilizado para prevalecer y expandirse por todo el planeta. Y a eso apela Obama ahora que quiere reelegirse sin que le importe la cantidad de muertos que sus guerras expedicionarias provocan por el mundo.

Definitivamente, el presidente Obama nos está poniendo difícil creer sus reiteradas versiones, tantas veces modificadas, sobre la supuesta muerte de Bin Laden. Queremos creerle pero él lo impide por el absurdo manejo de las razones y los objetivos que persiguen las guerras que Estados Unidos desarrolla en Irak y en Afganistán y que está llevando a Estados Unidos a la ruina económica y al descrédito mundial.

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