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	<title>escuela normal de santo domingo &#8211; Noticias SIN</title>
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		<title>Hostos, Bosch y la siembra que no terminó     </title>
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		<dc:creator><![CDATA[Victor Grimaldi Céspedes]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Aug 2026 17:24:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[educación dominicana]]></category>
		<category><![CDATA[escuela normal de santo domingo]]></category>
		<category><![CDATA[eugenio maria de hostos]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Bosch]]></category>
		<category><![CDATA[panteón de la patria]]></category>
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					<description><![CDATA[Eugenio María de Hostos dejó un legado educativo en República Dominicana, promoviendo la formación de ciudadanos conscientes y libres, esencial para la democracia.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>El 11 de agosto se cumplieron 123 años de la muerte, en Santo Domingo, de Eugenio María de Hostos.&nbsp;</p>



<p>Había nacido Hostos en Mayagüez, Puerto Rico, el 11 de enero de 1839, pero una parte esencial de su obra quedó sembrada para siempre en la República Dominicana.</p>



<p>Y digo sembrada porque difícilmente pueda encontrarse una palabra mejor para definir lo que Hostos hizo entre nosotros.</p>



<p>Juan Bosch la encontró.</p>



<p>En 1939, en La Habana, Bosch publicó&nbsp;<em>Hostos, el sembrador</em>, una obra escrita cuando todavía era un joven intelectual dominicano que comenzaba a abrirse camino en el exilio.&nbsp;</p>



<p>No escogió presentar a Hostos simplemente como filósofo, educador, sociólogo o patriota puertorriqueño. Lo llamó sembrador.</p>



<p>La palabra contiene prácticamente una filosofía.</p>



<p>El sembrador trabaja para el futuro. Deposita algo en una tierra que quizá no verá convertido plenamente en fruto. Necesita paciencia y, sobre todo, confianza en que otros continuarán la tarea.</p>



<p>Eso hizo Hostos.</p>



<p>Llegó a la República Dominicana y comprendió que la construcción de una nación no dependía únicamente de constituciones, gobiernos, ejércitos o caudillos. Dependía de algo mucho más profundo y duradero: la educación del ciudadano.</p>



<p>Para Hostos, educar no significaba llenar la memoria de conocimientos. Significaba enseñar a pensar. Y enseñar a pensar era también enseñar a ser libre.</p>



<p>Ahí reside posiblemente la extraordinaria actualidad de Hostos.</p>



<p>Un libro que conservo desde 1977</p>



<p>Tengo ante mí un ejemplar de&nbsp;<em>Hostos, el sembrador</em>, edición de 1976 de Ediciones Huracán.</p>



<p>Pero para mí no es simplemente un libro.</p>



<p>En su primera página Juan Bosch escribió de su puño y letra una dedicatoria que, casi medio siglo después, conserva naturalmente un enorme valor personal:</p>



<p>“A Víctor Grimaldi, con amistad, pero también en estimación por su honestidad intelectual y humana.”</p>



<p>Y debajo:</p>



<p>Juan Bosch.<br>Santo Domingo, 20 de abril de 1977.</p>



<p>Yo tenía entonces 27 años.</p>



<p>Cuando vuelvo a mirar esas palabras no puedo evitar pensar en la curiosa trayectoria de las ideas a través de las generaciones.</p>



<p>Hostos había muerto en Santo Domingo en 1903.</p>



<p>Bosch nació seis años después, en 1909. No conoció personalmente al Maestro.&nbsp;</p>



<p>Sin embargo, estudió su pensamiento, reconstruyó su vida y terminó convirtiéndolo en personaje central de uno de sus primeros libros importantes.</p>



<p>En 1939 escribió sobre Hostos.</p>



<p>En 1977 puso aquel libro en mis manos.</p>



<p>Y hoy, casi cincuenta años después de aquella dedicatoria y 123 años después de la muerte del Maestro, vuelvo sobre ambos.</p>



<p>La siembra continúa.</p>



<p>Hostos y la República Dominicana:</p>



<p>La relación de Eugenio María de Hostos con nuestro país pertenece a uno de los capítulos fundamentales de la historia intelectual dominicana.</p>



<p>Aquí encontró un terreno fértil para desarrollar su proyecto educativo. En 1880 fundó la Escuela Normal de Santo Domingo y promovió una transformación pedagógica basada en la razón, la ciencia, la observación y la formación moral.</p>



<p>Aquello era mucho más revolucionario de lo que hoy pudiera parecernos.</p>



<p>Hostos pretendía formar maestros para que esos maestros formaran ciudadanos.</p>



<p>Y detrás de esa concepción estaba una idea esencial: sin ciudadanos conscientes no puede existir verdaderamente una República.</p>



<p>Una nación puede tener elecciones y carecer de ciudadanía.</p>



<p>Puede tener leyes y carecer de cultura institucional.</p>



<p>Puede proclamar libertades mientras sus habitantes no hayan aprendido a ejercer responsablemente esas libertades.</p>



<p>Por eso la educación, para Hostos, era inseparable de la moral y de la democracia.</p>



<p>No quería simplemente personas instruidas.</p>



<p>Quería seres humanos capaces de razonar.</p>



<p>Hostos y las Antillas:</p>



<p>Pero Hostos tampoco puede entenderse encerrándolo dentro de las fronteras de Puerto Rico o de la República Dominicana.</p>



<p>Fue un hombre antillano.</p>



<p>Puerto Rico era su patria de nacimiento. La República Dominicana se convirtió en una de sus grandes patrias espirituales. Cuba ocupó igualmente un lugar central en su pensamiento político.</p>



<p>Hostos perteneció a aquella generación que soñó con unas Antillas capaces de reconocerse como parte de una misma comunidad histórica.</p>



<p>Por eso resulta tan poderosa una de las fotografías de los homenajes que se le tributaron en Santo Domingo durante la década de 1940.</p>



<p>Detrás de su monumento aparecen las banderas de Puerto Rico y de la República Dominicana.</p>



<p>No son simplemente dos banderas decorando una ceremonia.</p>



<p>Representan una idea.</p>



<p>La idea antillana.</p>



<p>En aquellas ceremonias aparecen figuras fundamentales de nuestra historia intelectual, entre ellas Federico Henríquez y Carvajal, amigo de José Martí y del propio Hostos, educador, periodista, orador y primer presidente de la Academia Dominicana de la Historia.</p>



<p>También aparece Sócrates Nolasco.</p>



<p>Las imágenes conservan así una especie de genealogía intelectual dominicana y antillana.</p>



<p>La República que se construye en la escuela:</p>



<p>Hay una razón por la cual Hostos sigue resultando incómodo y necesario 123 años después de su muerte.</p>



<p>Su pensamiento obliga a preguntarnos qué entendemos realmente por educación.</p>



<p>Cada cierto tiempo nuestras sociedades vuelven a discutir presupuestos, edificios escolares, salarios de maestros, tecnología, programas y estadísticas.</p>



<p>Todo eso es necesario.</p>



<p>Pero Hostos colocaría probablemente otra pregunta antes que todas las demás:</p>



<p>¿Qué clase de ser humano estamos formando?</p>



<p>Porque una escuela puede transmitir información sin enseñar a pensar.</p>



<p>Puede producir profesionales sin producir ciudadanos.</p>



<p>Puede otorgar títulos sin desarrollar conciencia moral.</p>



<p>Y una democracia habitada por ciudadanos incapaces de distinguir entre razón y propaganda, conocimiento y rumor, verdad y manipulación, termina siendo extraordinariamente vulnerable.</p>



<p>En la época de Hostos existían el caudillismo, la ignorancia y el autoritarismo.</p>



<p>En la nuestra existen además las redes sociales, la intoxicación informativa, la manipulación digital y ahora la inteligencia artificial.</p>



<p>Las herramientas han cambiado.</p>



<p>El problema esencial permanece.</p>



<p>Aprender a pensar.</p>



<p>Bosch comprendió al Maestro.</p>



<p>Por eso el título elegido por Juan Bosch sigue siendo tan acertado.</p>



<p><em>Hostos, el sembrador.</em></p>



<p>Bosch comprendió que las grandes transformaciones intelectuales rara vez producen resultados inmediatos.</p>



<p>Hostos sembró maestros.</p>



<p>Sembró escuelas.</p>



<p>Sembró métodos.</p>



<p>Sembró principios.</p>



<p>Pero, sobre todo, sembró una determinada concepción del ciudadano.</p>



<p>Y quizá ahí se encuentre también una afinidad profunda entre Hostos y Bosch, más allá de las enormes diferencias históricas entre ambos.</p>



<p>Los dos concedieron una importancia extraordinaria a la formación política y moral del pueblo.</p>



<p>Los dos creyeron en la palabra escrita como instrumento de educación.</p>



<p>Los dos entendieron que la República no termina cuando se cuentan los votos.</p>



<p>La República comienza mucho antes: en la conciencia del ciudadano.</p>



<p>Una dedicatoria y el paso del tiempo</p>



<p>Vuelvo entonces a aquel 20 de abril de 1977.</p>



<p>Juan Bosch escribió unas líneas en un libro suyo publicado originalmente treinta y ocho años antes.</p>



<p>Yo era entonces un periodista joven.</p>



<p>Han pasado cuarenta y nueve años.</p>



<p>Bosch murió en 2001.</p>



<p>Hostos había muerto casi un siglo antes.</p>



<p>Y, sin embargo, aquí están los tres tiempos reunidos sobre una misma página: Hostos, Bosch y quienes recibimos después aquella herencia intelectual.</p>



<p>Los libros tienen esa extraordinaria capacidad.</p>



<p>Vencen parcialmente al tiempo.</p>



<p>Los hombres desaparecemos; las conversaciones terminan; las ciudades cambian; los gobiernos pasan; las generaciones se suceden.</p>



<p>Pero alguien abre nuevamente un libro.</p>



<p>Y la conversación recomienza.</p>



<p>Hostos todavía espera.</p>



<p>Los restos de Eugenio María de Hostos descansan desde 1985 en el Panteón de la Patria, en Santo Domingo.</p>



<p>Existe, además, una circunstancia profundamente simbólica: Hostos había expresado el deseo de permanecer en tierra dominicana mientras Puerto Rico no alcanzara la libertad por la cual luchó.</p>



<p>De alguna manera, pues, Hostos todavía espera en Santo Domingo.</p>



<p>Pero no espera solamente por Puerto Rico.</p>



<p>También parece esperar por nosotros.</p>



<p>Espera que terminemos de comprender que ninguna democracia será mejor que sus ciudadanos.</p>



<p>Que ninguna República puede construirse sólidamente sobre la ignorancia.</p>



<p>Que la educación no consiste solamente en preparar personas para ganarse la vida, sino también en prepararlas para vivir responsablemente en libertad.</p>



<p>Han transcurrido 123 años desde aquella muerte en Santo Domingo.</p>



<p>Ochenta y siete desde que Juan Bosch publicó&nbsp;<em>Hostos, el sembrador</em>.</p>



<p>Y cuarenta y nueve desde aquella tarde de abril de 1977 en que Bosch escribió una dedicatoria en el ejemplar que todavía conservo.</p>



<p>Miro nuevamente el libro.</p>



<p>Miro las viejas fotografías de Hostos rodeado por dominicanos y extranjeros, bajo las banderas de Puerto Rico y la República Dominicana.</p>



<p>Y comprendo que Bosch tenía razón.</p>



<p>Algunos hombres construyen.</p>



<p>Otros gobiernan.</p>



<p>Otros conquistan.</p>



<p>Hostos sembró.</p>



<p>Y la característica más hermosa de una verdadera siembra es que nadie puede determinar dónde terminarán creciendo sus frutos.</p>



<p>&#8230;</p>
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