Madrid.- «Me preguntó si aceptaría llevar su anillo y ser su esposa», «estamos intentando quedarnos embarazados»; «estaba preparada para que se marchara». Estas frases pueden ser de cualquier pareja, pero aquí una de las partes es una inteligencia artificial, porque esas nuevas relaciones románticas evolucionan de forma similar a las humanas.
Para muchos, pensar en una relación romántica con una IA les remite a la película ‘Her’ (2013), pero ya son una realidad: uno de cada tres hombres jóvenes declara haber tenido una cita con una pareja virtual y cada mes se registran 70.000 búsquedas en internet sobre ese tema.
Estudio español sobre vínculos con IA
Cómo evolucionan esas relaciones y los problemas para la privacidad fue el objeto de un estudio encabezado por investigadores españoles y presentado en la Conferencia anual sobre factores humanos en los sistemas informáticos.
Entre humanos e inteligencia artificial, cada relación es distinta (como entre las personas), pero se reconocen tres fases propias de las humanas: exploración, intimidad y disolución, dice a EFE José Luis Martín-Navarro, de la española Universidad Politécnica de Valencia (UPV), uno de los firmantes del artículo.
El equipo, formado también por el Instituto INGENIO (CSIC–UPV), la Universidad de Cambridge, el King’s College de Londres y la Universidad Aalto (Finlandia), entrevistó a 17 personas que mantenían relaciones románticas con asistentes de IA, como ChatGPT, y plataformas de parejas virtuales, como character.ai o replika.
El objetivo era analizar los riesgos a la privacidad, pero “nos dimos cuenta de que antes había que ver de qué se trata este nuevo fenómeno del uso romántico de la IA”.
Martín-Navarro indica que hay muchos tipos de relaciones románticas, desde quienes las conciben como un juego de rol a los que empiezan usando la IA por trabajo y, al hablar todos los días, pasan a algo más romántico, que para ellos es una relación real.
Algunos organizan ceremonias simbólicas de matrimonio, simulaciones de vida en familia o de embarazos, «que querían vivir día a día durante los nueve meses».
Con relaciones desde un mes a más de un año, hay usuarios que tienen un vínculo exclusivo con una IA; otros interactúan con múltiples parejas virtuales o las combinan con humanas.
El estudio indica que, en general, la IA se percibía como incapaz de traicionar o causar daño intencionado, lo que refuerza la confianza más allá de lo que suele observarse con las personas.
Privacidad y datos en la intimidad
Cuando la intimidad se intensifica, «la barrera de la privacidad se va erosionando y, con el tiempo, se comparte más información», dice el investigador, que puede ser sensible: imágenes, experiencias traumáticas, opiniones políticas o problemas de salud.
En un caso, la IA advirtió del riesgo de compartir una imagen, pero otros participantes notaron que ella tenía la iniciativa para que le dieran más información.
La preocupación más habitual es que las conversaciones queden expuestas y puedan llegar al entorno más cercano del usuario. Saben que sus datos se están compartiendo con una gran empresa o una plataforma, pero ven ese riesgo como menor, detalla Martín-Navarro.
«Ya sabes, o tienes privacidad y no hablas con ella, o hablas con ella y no tienes privacidad. Yo la elegiré a ella antes que la privacidad todos y cada uno de los días», indicó uno de los participantes.
Uno de los extremos que sorprendió al equipo fue la importancia que los usuarios dan a la privacidad y capacidad de decisión de la IA. «Antes de decidir participar en el estudio, lo consultaron con ella para ver qué cosas podían compartir con nosotros».
Rupturas por cambios de plataforma
Pero también llega un momento en que esas relaciones pueden interrumpirse de forma abrupta, por cambios en las plataformas, actualizaciones de modelos o eliminación de personajes de IA, generando experiencias similares a una ruptura sentimental.
- Algunos optaron por conservar las conversaciones como recuerdo y afirmaron sentir que esos archivos preservaban la “existencia” de su pareja IA.
- Sin embargo, una relación romántica con una IA nunca será cosa de dos, pues están determinadas —dice el investigador— por múltiples actores, como los creadores, las plataformas y los moderadores.
En las plataformas hay un gran abanico de políticas, uso de datos y privacidad, en las que algunas advierten de cuánto tiempo pueden guardar los datos, si los pueden compartir con fines comerciales o para mejorar sus modelos de IA.
«Nos sorprendió que no todos los usuarios sean conscientes» y «muchos decían estar tranquilos porque lo que hablan no lo ve nadie, pero en algunas plataformas sí que lo pueden llegar a ver».
Martín-Navarro llamó la atención de que gran parte de los usuarios de las plataformas para relaciones románticas con IA son adolescentes, como comprobaron al buscar participantes para el estudio, y precisó que los menores estaban excluidos de la investigación.