Redacción Internacional.- Un cambio repentino en la forma en que un niño o adolescente utiliza su teléfono móvil puede ser una de las primeras señales de que está sufriendo ciberacoso.

Apagar la pantalla cuando un adulto se acerca, esconder el dispositivo o cambiar rápidamente de aplicación son conductas que, aunque a veces se interpretan como una búsqueda de privacidad, también pueden indicar que algo ocurre en el entorno digital.

Especialistas advierten que el ciberacoso se ha convertido en una de las principales amenazas para los menores, debido a que se desarrolla en los espacios donde pasan gran parte de su tiempo: redes sociales, aplicaciones de mensajería, videojuegos y otras plataformas en línea.

Qué es el ciberacoso

Según Unicef, el ciberacoso consiste en actos repetidos de intimidación o humillación realizados mediante tecnologías digitales. Puede manifestarse a través de redes sociales, chats, videojuegos en línea o teléfonos móviles.

Entre las formas más frecuentes se encuentran la difusión de rumores, la publicación de fotografías o videos con el fin de avergonzar a la víctima, el envío de mensajes ofensivos o amenazantes, la creación de perfiles falsos para suplantar la identidad de otra persona y, más recientemente, el uso de herramientas de inteligencia artificial para generar contenido de acoso o abuso.

A diferencia del acoso presencial, el ciberacoso suele dejar un rastro digital, como mensajes, capturas de pantalla o registros que pueden servir como prueba para denunciar los hechos.

Señales que los padres no deberían ignorar

La organización Understood, especializada en el desarrollo infantil, señala que el comportamiento del menor frente al teléfono puede ofrecer pistas importantes.

Entre las señales de alerta destacan:

Los expertos aclaran que un comportamiento aislado no necesariamente indica un problema, pero la repetición de estas conductas puede justificar una conversación con el menor.

Por qué muchos niños no lo cuentan

Uno de los mayores obstáculos para detectar el ciberacoso es el silencio de las víctimas. Muchos niños y adolescentes sienten vergüenza, temen represalias o creen que denunciar la situación solo empeorará el problema.

También existe el miedo a que los padres les retiren el teléfono o les prohíban utilizar redes sociales, una decisión que para muchos representa perder el contacto con sus amigos.

Understood advierte, además, que algunos menores presentan un riesgo mayor de sufrir acoso, especialmente quienes tienen dificultades para socializar, baja autoestima o formas diferentes de aprender.

Consecuencias para la salud mental

El ciberacoso no debe considerarse un conflicto pasajero entre estudiantes. Diversas investigaciones han relacionado esta situación con un mayor riesgo de ansiedad, depresión, aislamiento social y problemas de concentración, que pueden afectar el rendimiento escolar.

El impacto suele ser aún mayor porque el hostigamiento puede continuar incluso cuando el menor regresa a casa, un espacio que debería representar seguridad.

Qué hacer ante una sospecha

Los especialistas recomiendan actuar con calma y evitar respuestas impulsivas que puedan romper la confianza con el menor.

Entre las medidas sugeridas se encuentran:

  1. Iniciar una conversación sin acusaciones, utilizando ejemplos o noticias para abordar el tema.
  2. Insistir con tranquilidad si el menor no quiere hablar, explicándole que el objetivo es protegerlo.
  3. Guardar pruebas del acoso, como capturas de pantalla, mensajes o registros.
  4. Contactar al centro educativo o a los padres del agresor si la situación persiste y, en casos graves, acudir a las autoridades competentes.

Detectar estas señales a tiempo puede marcar la diferencia para detener el ciberacoso antes de que tenga consecuencias más graves y ayudar a que los menores recuperen un entorno digital seguro.

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