Nueva York.- En las últimas dos décadas, el mundo ha tuiteado parte de su historia. Desde aquel primer mensaje del cofundador Jack Dorsey, «configurando mi twttr», Twitter pasó de ser una plataforma de ‘microblogging’ (microblogueo).
Herramienta clave para el periodismo ciudadano, la política y la conversación pública, antes de transformarse en X bajo la dirección del magnate Elon Musk.
La historia de esta red social, nacida en marzo de 2006 y lanzada oficialmente en julio de ese año, está marcada por hitos que cambiaron la manera de compartir información en internet.
Pero también por un profundo cambio de su modelo tras la llegada de Musk y la irrupción de la inteligencia artificial (IA), que ha generado controversias, como la difusión de contenidos manipulados, entre ellos, desnudos falsos de mujeres sin su consentimiento.
Antes de convertirse en X, Twitter fue también el escenario de innovaciones que cambiaron la forma de seguir la información en internet. En 2007, el usuario Chris Messina propuso el uso del símbolo de almohadilla (#) para agrupar temas, creando el hoy omnipresente «hashtag» o etiqueta.
Dos años después, el nacimiento del periodismo ciudadano en tiempo real se consolidó cuando la foto del vuelo de US Airways aterrizando sobre el río Hudson se compartió en la red del pajarito azul antes que en los medios, demostrando que podía ganarle la carrera de la inmediatez.
Presente en la calle y en el Despacho Oval
El verdadero punto de inflexión a nivel sociopolítico llegó en la década de 2010, cuando el mundo pasó a ver la red como una herramienta para seguir en tiempo real movimientos como ‘Occupy Wall Street’ (Toma Wall Street) en Nueva York, el 15-M en España y la Primavera Árabe en Oriente Medio y el norte de África.
Ese poder de comunicación atrajo a los líderes mundiales. Barack Obama celebró su reelección en 2012 a la Presidencia de Estados Unidos con una icónica foto en la que abraza a su esposa Michelle, uno de los mensajes más virales de la historia de la plataforma.
Por su parte, el republicano Donald Trump le dio un uso constante durante su primer mandato, entre 2017 y 2021. Llegó a publicar más de 25,000 tuits en esos cuatro años, alcanzando un récord de máxima actividad de 200 mensajes en un solo día.
El entretenimiento y la cultura de la cancelación
El icónico selfi que la presentadora Ellen DeGeneres orquestó en los Óscar de 2014 con los actores Bradley Cooper, Angelina Jolie, Jennifer Lawrence, Jared Leto, Lupita Nyong’o, Brad Pitt, Julia Roberts, Kevin Spacey, Meryl Streep y Channing Tatum rompió los récords de la plataforma con casi dos millones de «me gusta».
Un hito que fue tristemente superado en 2020 por el tuit que anunció el fallecimiento del actor Chadwick Boseman, tras una lucha en secreto contra el cáncer, que obtuvo más de 6 millones de «me gusta».
La inmediatez de un solo tuit también demostró tener el poder de arruinar una carrera profesional, como le ocurrió a Justine Sacco, de 30 años y directora sénior de comunicaciones corporativas de IAC.
La ejecutiva publicó el controvertido tuit: «Me voy a África. Espero no contraer el sida. Es broma. ¡Soy blanca!», justo antes de tomar un vuelo hacia aquel continente. Al aterrizar, descubrió que era el centro de la indignación global; su cuenta había sido eliminada y había sido despedida fulminantemente.
El reto de la monetización
La red debutó en la Bolsa de Valores de Nueva York en 2013 bajo el símbolo TWTR, fijando el precio de sus acciones en 26 dólares.
Sin embargo, dejó de cotizar como empresa pública el 27 de octubre de 2022, tras ser adquirida por Musk por 44.000 millones de dólares y convertirse en una entidad que no cotiza.
A diferencia de su rival Meta (matriz de Facebook e Instagram), Twitter pasó la mayor parte de su historia como empresa cotizada luchando por ser rentable.
La era Musk
Desde que la persona más rica del mundo tomó las riendas de la red, empezaron los cambios: despidió al 80 % de su plantilla, limitó el acceso a la interfaz de programación de aplicaciones (API) con tarifas prohibitivas, renombró la red como X y convirtió en un servicio de pago el «tic azul», permitiendo la suplantación de identidades.
El empresario dejó que su chatbot de IA, Grok, tomara la red y pudiera generar una oleada de imágenes de desnudos no consensuados, utilizando a mujeres reales usuarias de la red social en ropa interior.
Ante el constante caos en X, los competidores han intentado absorber a los usuarios desencantados. Entre ellos, Threads (Meta), un clon de la plataforma de ‘microblogging’ que superó los 100 millones de usuarios en sus primeros cinco días y que no supo seguir con su impulso inicial.