“Lo malo lo tenemos delante de los ojos y es que las nuevas generaciones tienen un aguante de atención muy breve porque están acostumbrados a estos contenidos que son cada vez más breves".

Barranquilla (Colombia).- El lenguaje hablado, habilidad que, según los científicos, desarrollaron los primeros humanos en África hace miles de años, hoy se apropia de las tecnologías de la información, especialmente de las redes sociales, para preservar la tradición oral de los pueblos del mundo.

“El Caribe cuenta”, un festival internacional de cuenteros que desde hace 25 años se realiza en la ciudad colombiana de Barranquilla, abordó el papel que están jugando las redes sociales y cómo se han convertido en una herramienta fundamental para la preservación de la tradición oral.

Durante el encuentro, que arrancó el 28 de agosto y termina este domingo, niños, jóvenes y adultos además de disfrutar con las mil y una historias que trajeron destacados narradores orales de España, Camerún, Italia, México, Argentina, Cuba, Venezuela y Colombia, reflexionaron sobre la difusión de las tradiciones culturales en nuestros tiempos.

Participaron los colombianos Reinaldo Ruiz, Iván Torres, Juan Carlos Strada, Fernando Cárdena, Leonardo Aldana, Walter Díaz y Carolina Rueda; el camerunés Boni Ofogo; los españoles Ana Griott, Carles Cano y Cándido Pazó; el argentino Sergio Martínez; el italiano Simone Negrin; el venezolano Romer Peña; y las mexicanas Laura Casillas y Gloria Ávila, entre otros.

POSITIVO Y NEGATIVO

Para el italiano Simone Negrin, quien lleva muchos años viviendo en España y que cautivó al público barranquillero con una narración sobre el fútbol, las rivalidades entre países y sus ancestros napolitanos, la relación entre la tradición oral y las redes sociales tiene tanto aspectos positivos como negativos.

“Lo malo lo tenemos delante de los ojos y es que las nuevas generaciones tienen un aguante de atención muy breve porque están acostumbrados a estos contenidos que son cada vez más breves, pero lo bueno es que estamos mucho más conectados y nos podemos enterar de muchas más cosas”, indicó a Efe Negrin.

También recordó que durante el momento más duro de la pandemia con una compañera de Madrid organizó un espectáculo vía Zoom que fue “realmente muy bonito porque iba para la gente que estaba sola en casa y de repente teníamos a personas de Argentina, Chile, Colombia, Cuba, México y España, y fue una manera de darnos calor”.

“Eso calentó mucho los corazones y de no tener las redes sociales la gente no se hubiera podido enterar de que existía eso”, continúa el italiano, para quien el reto frente a las redes sociales y la tradición oral es “ir educando a los chicos en una atención más calmada”

TRADICIÓN ORAL Y TECNOLOGÍA

Al abordar el tema de los avances tecnológicos y su papel en la narración oral en la actualidad, la filóloga y especialista en literatura tradicional, la española Ana Griott dijo a Efe que así como se pensaba que con la tecnología se iba a acabar con los libros físicos por los libros digitales, hoy estos últimos están siendo reemplazados por los audiolibros.

Griott, quien desarrolla su oficio como narradora en teatros, cafés, cárceles, escuelas o parques públicos mayoritariamente en España y Latinoamérica desde 1992, se refirió a que incluso en China ya hay plataformas donde no solamente se escucha el texto, sino que además va acompañado de todo un paisaje sonoro.

Al referirse a la tradición oral en América Latina y especialmente en Colombia, la española manifestó que “es muy interesante como este aspecto está muy vivo porque se han ocupado de que la narración oral no envejezca y tienen semilleros donde los niños y las niñas aprenden a contar cuentos, que son muy valorados por sus padres”.

PAPEL DEL NARRADOR

El colombo mexicano Walter Díaz, luego de contar la historia de Peralta y la muerte en la cual reflexiona sobre el gusto de vivir la vida incluso después que nos enfrentamos al fin de la existencia considera que “la tecnología nos permite a los narradores generar canales de encuentro e información para ubicarnos”.

Díaz trajo a colación la historia de un amigo librero preocupado porque los libros se iban a acabar debido a la virtualidad y para satisfacción de él, la pandemia ratificó que la gente sigue gustando de la textura y olor de los libros porque se cansa de la pantalla.

“No hay como un libro leído y eso nos pasa a los narradores, que nos cansamos de pasar el dedo con historias cortas, máximo 30, que nos cuentan algo sin contarnos nada y nos dejan muy vacíos”, anotó.