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Temas sobre Haití, República Dominicana y El Caribe (1/2)

Visiones sobre El Caribe: Lecturas que se repiten y transculturación epistemológica. 1

Parto del malestar que me provoca la práctica predominante en los programas de Estudios Literarios en El Caribe y América Latina, de utilizar textos literarios producidos en la región a manera de materia prima para la aplicación de las teorías literarias y culturales en Europa y los Estados Unidos…El actual contexto globalizado que se caracteriza por una “colonización  intelectual” por la cual América Latina deja de ser el lugar donde se producen teorías para continuar siendo el lugar que se estudia… Kevin Sedeño [i]

Cada dos años, tres universidades colombianas, ubicadas en las hermosas ciudades costeras, Barranquilla,  Santa Marta y Cartagena, unidas por el interés en estudiar la realidad e historia del mar que las baña y las circunda, organizan un gran encuentro académico internacional para que los especialistas caribeños del mundo, se encuentren en un espacio común para que juntos puedan presentar,  discutir y reflexionar sus investigaciones.  Este año la Universidad de Santa Marta será la sede de este importantísimo evento.

La ponencia que trabajaremos hoy sigue la tónica de la entrega que hicimos la semana pasada: la necesidad de revistar, replantear y proponer nuevas visiones sobre los estudios del Caribe.

El profesor Kevin Sedeño de la Universidad  Nacional de Colombia, presentó este trabajo en uno de esos maravillosos encuentros, específicamente el que se celebró en el año 2007, pero que a su vez es una visión resumida de una investigación más amplia y profunda.

El interés del intelectual es hacer una revisión crítica de la teoría de la cultura que da cuenta de los procesos culturales y sociales de toda la región caribeña, haciendo un “diálogo crítico con los saberes occidentales… inscribiéndose en los esfuerzos por repensar las políticas del conocimiento desde y sobre el Caribe y América Latina.

El autor parte de una reinterpretación de dos obras claves: Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940) escrita por Fernando Ortiz, y el famoso libro de Antonio Benítez Rojo, “La isla que se repite”, que expusimos en una entrega anterior en esta columna:

En la isa que se repite, Benítez Rojo dedica uno de sus ensayos a leer el Contrapunteo y expresa admiración por la habilidad del texto de Ortiz para escapar al canon de legitimación y no ceder a la dialéctica binaria propia de los modelos analíticos de la modernidad. De él retomamos su recomendación sobre cómo leer el contrapunteo: Mi sugerencia sería leerlo como un texto dialógico y acéntrico en cuyo pluralismo de voces y de ritmos no solo se dejan escuchar las más variadas disciplinas y las ideologías más irreconciliables… [ii]

Señala Sedeño Guillén que el Contrapunteo de Ortíz es un reflejo, desde sus inicios, de la necesidad y ansiedad identitaria que lo recorría, lo corroía más bien, en el cual el autor remitía la estrategia discursiva a decires y contradecires, a controversias y contrastes que constituían la lógica de su texto en un llamado diálogo alegórico.  Esta obra, símbolo de la cultura cubana, de la cubanía como dicen algunos, denota, sigue diciendo  el autor del ensayo, el afán por llegar a la esencia de lo cubano partiendo del análisis “diferenciador de productos materiales y de prácticas culturales”, más aún, dice, es una afirmación que pone en verdadero conflicto la productividad del método mismo del contrapunteo, producto del avance del capitalismo.  Los contrastes del tabaco y el azúcar han desaparecido de la faz de la tierra debido a las maquinarias capitalistas, que han subsumido esa práctica cultural.

¿Qué es el contrapunteo? Pregunta el autor y se responde afirmando que el contrapunteo, desde la perspectiva epistemológica occidental, es un análisis socio económico de los efectos de la industria azucarera y en especial de la introducción de la mano de obra negra en la sociedad cubana, contraponiéndole el sistema económico del tabaco, organizado por los colonos blancos, como la forma idónea para le economía de la nación.  En el texto de Ortíz, dice Sedeño Guillén, hay una verdadera reacción nacionalista contra el desplazamiento de la burguesía nacional debido a la penetración del capital norteamericano.  “Es a la vez: choteo y desestimulación de los enfrentamientos interétnicos que habían sacudido la República  décadas atrás, al mismo tiempo que alegato nacionalista, cargado de nostalgia por la prosperidad… en una retórica de la cubanía que tiene a la textualidad de José Martí…”[iii]

Esta añoranza por el contrapunteo, no es más, dice el autor, que el sueño por el pasado  de las élites cubanas para la integración de los elementos que no son europeos de la nacionalidad.  Es la reiteración de lo viejo, la añoranza del pasado y el sostenimiento en el tiempo de realidades culturales inexistentes. Finaliza esta parte de su reflexión diciendo:

Al asumir que el Contrapunteo cubano del tabaco y del azúcar esconde tras la apariencia de ensayo antropológico su condición narrativa, este final feliz, luego del melodrama, nos deja insatisfechos como lectores. El edulcorado final está en relación con las propias limitaciones ideológicas de Ortiz, que no se ha propuesto armar de armar de argumentos a un sector de la sociedad cubana contra otro, sino articular un relato, que con lágrimas y pañuelito, encubre la incapacidad de la clase que representa, para dar solución al conflicto central de la nación cubana: independencia versus dependencia…[iv]

¿Qué significa todo esta interesante reflexión? Sencillamente que necesitamos revisitarnos constantemente para no seguir repitiendo construcciones ideológicas que corresponden a otra realidad y a otro tiempo.  Se nos agotó el espacio. En la próxima semana abordaremos la crítica que hace el autor a las ideas de Antonio Benítez-Rojo.  Nos vemos la semana que viene.

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