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Temblando, entre lágrimas y sobrevolando EEUU, Alan Gross supo que era libre

Temblando, entre lágrimas y sobrevolando EEUU, Alan Gross supo que era libre
Temblando, entre lágrimas y sobrevolando EEUU, Alan Gross supo que era libre
 Alan Gross

Alan Gross

LA HABANA, Cuba.- Temblando y con los ojos empañados en lágrimas recibió Alan Gross la noticia de su liberación el pasado 17 de diciembre, cuando un avión fletado por el Gobierno de Estados Unidos le trasladaba de La Habana a Washington, aunque no reaccionó hasta que estuvo seguro de que se encontraba en espacio aéreo estadounidense.

Los detalles de su liberación los contó hoy a la prensa en La Habana, visiblemente emocionado, el senador Patrick Leahy, quien, horas antes de que el presidente estadounidense, Barack Obama, y su homólogo cubano, Raúl Castro, anunciaran al mundo el restablecimiento de relaciones entre EE.UU. y Cuba, viajó en secreto a la isla para llevarse de vuelta a Gross, preso en la isla durante cinco años por “actos subversivos”.

“Cuando entramos en espacio de Estado Unidos, le miré y le dije, Alan ya eres realmente libre. Él, sin decir nada, se levantó y me abrazó. Estaba temblando y los dos teníamos los ojos llenos de lágrimas”, relató Leahy, quien encabezó una delegación de congresistas estadounidenses que visitó Cuba durante tres días.

La respuesta de Gross fue clara: “Patrick, ahora sí que me lo creo”.

“Pocos minutos después sonó el teléfono del avión. Nos preguntaban si Alan estaba disponible para atender una llamada del presidente Obama. ¡Y claro que estaba disponible!”, rememoró Leahy, que, después de visitar a Gross varias veces en prisión, se refiere a él como “mi amigo”.

El senador, que en los últimos años viajó varias veces a la isla para mediar por la liberación de Gross, contó que antes de ese emotivo momento, el contratista estuvo tranquilo en el avión, viendo las noticias en una pantalla de televisión.

En ese momento, empezaron a salir las primeras informaciones que apuntaban a su posible liberación ese mismo día, cuando Gross gritó con cierta sorpresa: “¡Es verdad!”.

El resto es conocido. El mundo se despertó el pasado 17 de diciembre con la noticia de que Cuba había liberado a Gross y se especulaba con la posible puesta en libertad de tres agentes cubanos del grupo de “Los Cinco” que todavía cumplían largas condenas en Estados Unidos por espionaje.

Así fue. Cuba y Estados Unidos acordaron un canje de prisioneros que se materializó el mismo día que anunciaban al mundo que retomaban relaciones diplomáticas, congeladas desde 1961, noticia que pilló por sorpresa al mundo entero.

Poco más de un mes después, Gross va a ser uno de los invitados al discurso del Estado de la Unión de Obama, y Estados Unidos y Cuba se preparan para iniciar el miércoles conversaciones encaminadas a normalizar sus vínculos diplomáticos.

Dos acontecimientos impensables el pasado 3 de diciembre, cuando Gross, de 65 años, cumplía exactamente cinco años en una prisión de La Habana, con su salud muy deteriorada y con amenazas de acabar con su vida si su encierro se prolongaba.

Gross trabajaba como subcontratista para la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), cuando fue detenido y encarcelado en La Habana el 3 de diciembre de 2009 por distribuir tecnología de comunicaciones a una comunidad judía.

Fue juzgado y condenado a 15 años de prisión en marzo de 2011 bajo cargos de actividades subversivas contra el Estado cubano, aunque Estados Unidos defendía que simplemente facilitaba acceso “sin censura” a internet a una comunidad judía en la isla.

Los casos de Gross y de los cinco agentes cubanos arrestados en Estados Unidos en 1998 y condenados a largas condenas en 2001, fueron durante años una de las principales barreras para el deshielo de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Ahora todos ellos están en sus casas y Estados Unidos y Cuba, naciones vecinas a 150 kilómetros de distancia, van a iniciar modestamente relaciones comerciales y económicas, un primer paso que da comienzo a una nueva era en la historia de dos países que se reconocieron como enemigos durante más de cincuenta años.

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