Tened presente el hambre

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Julia se coló por el resquicio de la puerta del vanagloriado 7.0 por ciento del PIB, y nos restregó en la cara lo innombrable, la realidad. Con pasos tímidos se asomó a la puerta, y pidió permiso para entrar. Por ser de las dominicanas que se les ha escapado a las aseguradoras de salud fue considerada a la hora de pagar.

Había sido referida por Ivonne, una paciente de escasos recursos que antes de ser operada de fibromas, tuvo que esperar el tiempo reglamentario que exigen las aseguradoras.

Frágil como un recién nacido, y con voz de niña en un cuerpo diminuto, afirma estar embarazada, su vientre parece mas bien atestado de lombrices.

Julia Solís con 18 años no ha terminado el 4to grado, presenta sus analíticas y un ultrasonido que avalan el embarazo. Al subirla en la balanza un nudo profundo y rígido se instaló en mi garganta, una rabia visceral me invadió, apenas pesaba 88 libras.

La exploración manual evidencia menos de cuatro meses de gestación. Al colocar el doppler para escuchar los latidos del bebé, Julia se mostró indiferente, como si la vida y la muerte para ella significaran lo mismo. Los latidos cardíacos del feto simulaban un grito de auxilio. La envié a un centro acreditado a realizarse los estudios. Es imprescindible recurrir a lugares reconocidos, en su defecto, todo es posible en nuestro servicio de salud.

El resultado fue la crónica de la muerte anunciada, reportó: “Pequeño para su edad gestacional.

Mientas leía las pruebas de sangre, me remonté a los hospitales públicos, donde muchas de las mujeres reportan niveles de hemoglobina (sangre) incapaces de mover la bomba cardiaca. Seis gramos de hemoglobina, cuando el rango mínimo aceptable durante el embarazo son once gramos.

Busqué esos ojos negros incapaces de sostenerme la mirada y le pregunté: ¿Dónde está tu madre? Hizo una pausa y su respuesta fue tan fuerte como el sonido del silencio. No la conocí, murió cuando me traía al mundo, a mi me crió una tía en Cotuí.

Ingresarla para transfundirla es una fábula. Recogí todas las muestras médicas de vitamas, hierro y proteínas que pude, se las entregue y le dije: Toma, vete ahora mismo a pasar unos meses donde tu tía, dile que te dé de comer, lo que tienes es hambre.

En la noche, al momento de la cena, me quedé absorta mirando el plato, el mismo nudo que sentí al evaluar a Julia, y a muchas pacientes que pretendía haber olvidado, se instaló en la boca de mi estómago, y no hay protector gástrico que lo quite.