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"The Cleaners" muestra a los "limpiadores" de los rincones oscuros de la red

"The Cleaners" muestra a los "limpiadores" de los rincones oscuros de la red

REDACCIÓN.- Los directores alemanes Hans Block y Moritz Riesewieck se adentran en el rincón más oscuro de internet en su documental “The Cleaners”, en el que muestran, por primera vez, el trabajo de los “limpiadores digitales”, que desde Filipinas eliminan imágenes indeseables en las redes sociales.

El filme de investigación llevó los directores a entrar en contacto por primera vez con los llamados “content moderators”, aquellos que “trabajan para las grandes compañías de internet, como Facebook, Twitter, Youtube o Google, revisando cada imagen o vídeo potencialmente ofensivos que colgamos en la red”, explica Riesewieck en una entrevista con Efe, con motivo de la proyección del documental en el festival DocsBarcelona.

Mientras las políticas de permisividad en la web se redactan en el moderno Silicon Valley, la sede mundial desde donde se modera el contenido de internet se encuentra en Manila, donde decenas de miles de jóvenes son contratados para “limpiar internet”, analizando miles y miles de imágenes y vídeos en turnos de diez horas de trabajo.

Riesewieck explica que la película se gestó en 2013 cuando descubrieron en Facebook un vídeo de abusos sexuales a un menor, que había sido republicado miles de veces y que recibió 4.000 ‘me gusta’.

“Nos preguntamos cómo es que ese vídeo estaba allí colgado y otros en cambio no, y nos llevó a reflexionar sobre lo que hay detrás de la industria de las redes sociales y todo lo que esconden, sobre quién controla lo que publicamos, vemos y pensamos”, dijo.

Las indagaciones acabaron en Manila, en un edificio que alberga “una industria en la penumbra, en la que trabajan 10.000 personas, que retrasan las imágenes y los vídeos y deciden si las borran o las dejan en las redes”.

Aunque un algoritmo reconoce determinados aspectos en los vídeos y fotografías que se suben a la red, “para asegurarse que el contenido es el correcto hace falta un control humano porque hay elementos que no se pueden controlar” por otros medios.

Algunos de estos trabajadores hablaron con los cineastas “de manera anónima”, porque firman un contrato de confidencialidad y se refieren a las redes sociales con palabras en clave.

Hay contenidos, señala Riesewieck, que son claros y no admiten discusión para determinar su control, como la pornografía, el terrorismo, los abusos o la violencia sexual, pero “a veces entramos en el control de contenidos políticos, o una noticia relevante, que se tiene que eliminar porque puede ser cruel”.

El documental constata al final que “en muchas ocasiones las decisiones se adoptan por instinto, y resulta increíble que estas difíciles decisiones se adopten de manera tan ligera teniendo en cuenta el impacto que pueden tener, puesto que una gran parte de la población se informa a través de las redes sociales”.

En esa intuición juega un papel notable, añade Riesewieck, el contexto filipino: “Se debe tener en cuenta que el presidente filipino Rodrigo Duterte ganó las elecciones prometiendo que limpiaría las calles y muchos de estos trabajadores aseguran que hacen en el mundo digital lo que Duterte hace en las calles”.

Riesewieck considera que el reciente anuncio de Facebook de instalar un centro de revisión de contenidos en Barcelona -en la Torre Glòries- es una de las consecuencias del documental: “Pretenden lavar su imagen y abren esta oficina y otra en Alemania”.

Espera el director que “las condiciones laborales sean mejores en Barcelona que en Manila y que el apoyo psicológico sea eficiente, pues en Filipinas la psicóloga los reúne de vez en cuando y simplemente les pregunta cómo van, pero hay mucha gente con traumas y un índice elevado de suicidios por ser personas que ven imágenes muy duras”.

Algunos tienen miedo a circular por la calle, otros se hacen hipersensibles al roce, otros se hacen insensibles a las imágenes duras y en otros casos se producen trastornos de alimentación, comenta Riesewieck.

 

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