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Todo podrido

Los volúmenes de pus electoral han sobrepasado todos los records a la luz de dos grandes fraudes sucesivos: uno estructural, con años de despliegue; y otro coyuntural sobre las votaciones.

Danilo es el gran beneficiario del primero, facilitado por una oposición institucionalista, funcional al sistema; y por los oportunismos complacientes de jerarquías empresariales, eclesiales y mediáticas. Es, a la vez -junto a Leonel Fernández y las estructuras de ambos- el principal  culpable. No el más destacado, que lo es Roberto Rosario, por su funesto rol en la JCE.

El fraude estructural todavía es poco percibido, lo que le posibilita a Danilo  una frágil inmunidad mientras el país se estremece a consecuencia de un burdo fraude adicional ejecutado a continuación; instrumentado para manipular resultados a nivel congresual y municipal, y favorecer que la cúpula peledeista controle el Congreso, y desde el Senado, amarrar  “altas cortes”, JCE y TSE que garantizan  dictadura institucional e impunidad.

El fraude estructural no les permitió tomar tantas senadurías, diputaciones y alcaldías como esperaban, por lo que determinaron sumarle ese otro fraude, que ha provocado tollos y daños generales irreversibles: actas y boletas desaparecidas, descuadres espantosos…; lo que para ser superado democráticamente obligaría a anular las votaciones viciadas y organizar nuevas elecciones con autoridades y normas electorales confiables; lo que esta institucionalidad bajo control del PLD  tiende a impedir.

Parecería entonces que para derrotar la continuidad de esta dictadura agrietada, habría que ejercer la democracia de calle hasta lograr un cambio más profundo; todavía obstaculizado por lo acontecido en el nivel presidencial y otros casos donde gobierno y oposición se aceptan mutuamente gananciosos sin conflictos; evidentes, además, las trabas sistémicas procedentes de  la jefatura de una oposición históricamente degradada (PRM-PRSC), sobre la que pesa el precedente de no enfrentar enérgicamente la estafa oficial fraguada antes las votaciones.

No faltaron las voces, entre ellas la nuestra,  que advertimos que esto acontecería y exhortamos a quienes se disponían a competir con el PLD-ESTADO, a no aceptar pasivamente su dictadura, sus  JCE, TSE y “altas cortes”; a impugnar previamente sus perversas reglas de juego con movilizaciones.

El conservadurismo y la derechización los entramparon. Y los/as que mostraron algo de  progresismo tampoco se atrevieron a confrontar una institucionalidad degradada e inaceptable. Ahora, para impedir la afrenta, procede exigir la anulación de este proceso y la realización de nuevas elecciones generales con arbitraje  provisional confiable y normativas democráticas. Si no…

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