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Tono inquietante

Tono inquietante
Tono inquietante

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- La subida de tono que desde la última semana se observa en las críticas formuladas a la República Dominicana por la forma en que maneja su política migratoria comienza a tener un carácter inquietante, contrario a la aspiración de una relación armoniosa y respetuosa con Haití.

Esta preocupación se hizo este viernes más evidente luego del discurso del presidente Michel Martelly ante el foro del Caricom, donde coincidió con el Human Rrights Watch en su denuncia de que el país realiza repatriaciones forzosas.

El Gobierno dominicano y sus autoridades, con el canciller Andrés Navarro como portavoz de la diplomacia nacional, han sostenido que esa imputación es falsa, tras asegurar que hasta ahora no se ha ejecutado ninguna deportación y que el proceso se ha limitado a retornos voluntarios.

A pesar de esa negativa, Martelly citó ante el Caricom el caso de un grupo de 21 personas que habría sido obligado bajo fuerza a cruzar la frontera hacia Haití, y en el que figuraba un migrante nigeriano.

Sin embargo, la expresión del discurso de Martelly que ha causado revuelo y cierto nivel de inquietud es su declaración de que Haití aspira a una solución pacífica de este diferendo, ya que hasta el momento en ningún escenario se había planteado el peligro de una salida fuera de un marco de diálogo civilizado y respeto mutuo.

Aquí sabemos que tal peligro es inexistente, pero hay que tener cuidado en el empleo de términos que pueden encender aún más la presión ante una comunidad internacional muy sensitiva por el tema migratorio, mientras el país se emplea a fondo para contrarrestar las acusaciones de que viola los derechos humanos en el programa migratorio.

Como se ha dicho tantas veces desde instancias serenas que abogan por una coexistencia equilibrada, Haití y República Dominicana están obligadas, por compartir el territorio de una misma isla, a trabajar en el fortalecimiento de lazos de entendimiento donde la confrontación virulenta debe estar totalmente excluida.

Todas las fuerzas y las energías que ahora se disipan en un intercambio verbal nada provechoso deberían emplearse para hermanar a dos pueblos y sentar las bases de cooperación y mejoramiento en la calidad de vida en ambas naciones.

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