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“Tormentas que trae la Vida”

Un cordial saludo para todos mis queridos lectores.

La vida no viene sola, y todo no es color de rosa. Desde que llegamos a este mundo se nos presentan dificultades y problemas que tenemos que aprender a resolverlos. Por ejemplo, cuando nacemos si no lloramos por sed o por hambre, no nos dan agua ni comida, Tenemos que llorar cuando nos sentimos mal, sino como nuestros padres saben que estamos enfermos, y así vamos creciendo y según cambiamos de etapas se nos van presentando tormentas y dificultades, que si no aprendemos a resolverlas cuando crezcamos vamos a ser unos inútiles que nos tienen que resolver todas las cosas.

Cuando estaba tratando de buscar algo para escribir llego a mis manos este escrito que quiero compartir con Ustedes y me pareció muy apropiado para este tópico y dice así: “Tiempo atrás, tuve un vecino, cuyo hobby era plantar árboles en la enorme finca en la cual estaba enclavada su casa. Algunas veces observaba desde ni ventana el esfuerzo para plantar árboles y más árboles todos los días. Entretanto lo que más me llamaba la atención era el hecho de que él jamás regaba los renuevos que plantaba. Noté después de un tiempo que sus árboles estaban demorando mucho en crecer. Cierto día, decidí acercarme a él y le pregunté si no tenía recelo de que los árboles no crecieran, pues percibía que él nunca los regaba. Fue entonces cuando, con un aire orgulloso, me describió su fantástica teoría. Me dijo que si regase sus plantas las raíces se acomodarían a la superficie y quedarían siempre esperando por el agua más fácil venida de encima. Como él no los regaba, los árboles demorarían más en crecer, porque sus raíces tenderían a migrar para el fondo, en búsqueda del agua y de las variadas fuentes nutrientes encontradas en las capas más  inferiores del suelo. Esa fue la charla que tuve con aquel vecino. Después me fui a otro país, y nunca más lo volví a ver. Varios años más tarde, al retornar  del exterior, fui a dar una mirada a mi antigua residencia. Al aproximarme, noté un bosque que antes no había, Mi antiguo vecino había realizado su sueño. Lo curioso es que aquel  era un día de viento muy fuerte y helado, en que los árboles de la calle estaban arqueados, como si no tuviesen resistiendo el rigor de ese día. Las adversidades por las cuales aquellos árboles habían pasado, habiendo sido privados del agua, perecían haberlos beneficiado, como si hubiesen recibido el mejor de los tratamientos.

Todas las noches, antes de irme a acostar doy siempre una mirada a mis hijos me inclino sobre sus camas y observo cómo han crecido. Frecuentemente oro por ellos. La mayoría de las veces le digo a Dios que no me deje darles todo lo que ellos quieran y me pidan, que aprendan a ganárselo por ellos mismos, para que así puedan combatir las tormentas que trae la vida. Lo haré porque queramos o no la vida no es fácil, siempre le pediré a Dios que mis hijos crezcan con raíces profundas, para que puedan soportar las tempestades. Oremos para que Dios les conceda a ellos lo que necesitan, que es desarrollar raíces fuertes y profundas, de tal manera que, cuando las tempestades lleguen y los vientos helados soplen, resistan con valor y no sean dominados.

Pidamos a Dios que nos de la gracia a cada uno de nosotros también para echar raíces profundas y fuertes.

Termino con el Versículo 14 del libro del Eclesiástico, Capitulo 11, que dice: “Bienes y males, vida y muerte, pobreza y riqueza, todo viene del Señor”.

Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.

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