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Totalitarismo, democracia e imperfecciones

A propósito de cumplirse este 11 de septiembre cuatro décadas del golpe de Estado contra el gobierno del presidente Salvador Allende en Chile, que dio paso a una de las más brutales dictaduras militares en el continente, a la distancia de los años, superados en parte los traumas que dejó el gorilismo en Latinoamérica, hay que resaltar que aunque se ha avanzado en el respeto a los derechos humanos, hay muchos factores que ponen en entredicho los avances logrados dentro de regímenes democráticos en la región.

Corrupción administrativa, una apabullante deuda externa, auge del narcotráfico, deterioro cada vez más progresivo del medio ambiente, crisis en la calidad de vida de las comunidades, a lo que se agrega el aumento en la deserción escolar, altas cifras de desempleados, supresión de la organización sindical, entre otros, son males heredados, en la mayoría de los casos, de esos regímenes dictatoriales, y hoy día contribuyen a que los niveles de desarrollo alcanzados por los pueblos del continente tengan ese lastre, que constituye una retranca para un real y efectivo avance.

En aquellos países del hemisferio que para finales de la década de los ’60 y principios y mediados de los ’70, y en algunos casos hasta entrados los años ’80 (casos de Bolivia, Argentina, Honduras y Haití),  estaban sometidos al férreo dominio de los gorilas militares en Brasil, Perú, Paraguay, Nicaragua, Chile, Ecuador, Guatemala, El Salvador, hoy día se puede afirmar, sin rubor, que se ha avanzado en cuanto al respeto a los derechos humanos.

Cuba, por su condición de tener un régimen de tendencia izquierdista por más de medio siglo, merece un trato aparte, no así República Dominicana, donde los sucesivos gobiernos de mano dura de Joaquín Balaguer, entre los años 1966 y 1978, fueron violadores consuetudinarios de los derechos humanos. Decenas de opositores cayeron víctimas de la represión del régimen, cientos fueron a parar a las cárceles o al exilio, y también se reportaron desapariciones de desafectos al régimen.

Uruguay, pese a tener gobiernos encabezados por civiles, estos se plegaron a emplear métodos ‘non sancto’ contra sus opositores, incluidos integrantes del grupo guerrillero Los Tupamaros. Yendo un poco atrás, a finales de los ’60 la Bolivia de René Barrientos, presidente civil elegido por voto directo, tuvo que depender de los militares para enfrentar una guerrilla, en 1967, comandada nada menos que por el legendario Ernesto –Che-Guevara, quien fue capturado vivo y luego ejecutado.

Están frescas en la memoria, y son datos que aparecen en los archivos de los diarios, de tribunales competentes o en hemerotecas, los crímenes, encarcelamientos, desapariciones y envío al exilio contra opositores de los regímenes de turno, las torturas a que estos eran sometidos, matanzas de familias campesinas bajo el supuesto de albergar a dirigentes comunistas, etc.

Quien no recordará los asesinatos en masas que ordenó la dictadura militar que encabezó el nefasto general Augusto Pinochet en Chile, lo mismo que las cárceles repletas de presos políticos en el Brasil gobernado por el general Emilio Garrastazu Médici, presidente entre el 30 de octubre de 1969 y el 15 de marzo de 1974, y una de las más altas expresiones del gorilismo militar en Sudamérica: que emprendió la guerra sucia contra todo lo que oliera a comunistas y guerrillas de izquierda, lo que le valió numerosas acusaciones de violación de los derechos humanos.

Pero también el Paraguay del general Alfredo Stroessner se convirtió en una gigantesca cárcel de tortura, ejecuciones y desapariciones forzosas en los 35 años que se prolongó en el poder (1954-1989). Y en Argentina la dictadura militar iniciada el 24 de marzo de 1976, con el derrocamiento de la presidenta Isabel Martínez de Perón, se caracterizó por el terrorismo de Estado, la constante violación de los derechos humanos, la desaparición y muerte de miles de personas (organismos de derechos humanos estiman en alrededor de 30 mil en los siete años que duró la dictadura), el robo sistemático de recién nacidos y otros crímenes de lesa humanidad. Incluso, una de las primeras disposiciones de la junta militar fue instituir la pena de muerte hasta por transgresiones de poca monta.

La junta militar argentina llevó a cabo una acción represiva en la línea del terrorismo de Estado conocida como “guerra sucia”, coordinada con otras dictaduras instaladas en los países sudamericanos mediante el Plan Cóndor, que contó con el apoyo de los principales medios de comunicación privados e influyentes grupos de poder civil, la protección inicial del gobierno de los Estados Unidos y la pasividad de la comunidad internacional.

El Cono Sur en Sudamérica, compuesto por Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, fue una muestra más que elocuente del diabólico poder que llegó a tener el gorilismo militar en el continente americano en los años ’60 y ’70 del siglo pasado. Especímenes como Pinochet, Stroessner, el civil Jorge Pacheco Areco (Presidente de diciembre de 1967 a marzo de 1972), fueron expresiones fehacientes de…

El denominado Plan Cóndor fue una especie de alianza estratégica entre países del Cono Sur y que estuvo destinado a la colaboración entre regímenes militares para vigilar, detener y desaparecer personas en cada uno de ellos, y que contaba con el visto bueno de los Estados Unidos.

Miles de personas asesinadas, ya fueran ejecutadas o desaparecidas, otras tantas encarceladas y mandadas al exilio forzoso, los horripilantes métodos de tortura utilizados eran una práctica cotidiana en esos regímenes de fuerza cuyos responsables hicieron una especie de pacto o alianza para protegerse mutuamente en contra de los más sanos principios democráticos enarbolados por las organizaciones representativas de cada uno de esos pueblos.

Hoy día, cuando se ha recorrido un tremendo trecho en la distancia del tiempo, los pueblos que otrora estuvieron bajo las garras del totalitarismo, cuando ser izquierdista era más que una sentencia a muerte, y donde el mayor pecado para ir a parar a la cárcel era por “oler a comunista”, tenemos que aquellos eran problemas menores con relación a las complejas situaciones por la que atraviesan los pueblos latinoamericanos.

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