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Triple play

Todo luciría estar bien pues somos el país, después de Panamá, que más crece en el continente, el petróleo ha bajado a casi la mitad, a menos de US$40 el barril, la inflación es muy reducida y tenemos una moneda que probablemente sea la que durante los últimos meses menos se ha devaluado en toda América Latina frente al poderoso dólar.

Eso a corto plazo. A mediano plazo la cosa es diferente y a largo plazo, como dijo Lord Keynes, todos estaremos muertos.

En los próximos años lo que pase en Cuba nos puede afectar. Todos anhelamos que en esa isla existan democracia y libertades y que su población prospere, pero al mismo tiempo debemos prepararnos para el impacto negativo de la competencia cubana. Es en las zonas francas donde ésta sería mayor, pues Cuba cuenta con la mano de obra más educada y con mejor salud de América Latina y está aun más cerca del mercado norteamericano que nosotros y buena mano de obra y entrega rápida es la esencia para que una zona franca sea competitiva. Desde el sector textil hasta equipos para hospitales, pasando por unos centros de llamadas donde hay que hablar un inglés que los cubanos dominan más que nosotros, la competencia nos afectará, sobre todo a un Santiago que también exporta cigarros y tabaco, productos en que Cuba es muy competitivo. Mucho depende del contenido de la legislación norteamericana que abra Cuba al libre comercio bilateral, algo que también se aplicaría al azúcar y a nuestra cuota preferencial en el mercado americano. Fue tan sólo con el advenimiento al poder de Fidel Castro en 1959 que Estados Unidos, por primera vez, nos otorgó una cuota azucarera, al quitársela a Cuba. Es más, la ayuda masiva a nuestro país de los años sesenta y setenta y la legislación del CBI que promovió las zonas francas, se debieron al miedo a una “segunda Cuba”.

Mientras el grueso de nuestros turistas era europeo la apertura cubana no nos habría afectado tanto, pues éstos también han estado viajando a Cuba. Pero hoy día, debido a la devaluación del euro, ya más de la mitad de nuestro turismo procede de Estados Unidos, proporción que cada vía va en aumento. La novedad y cercanía de Cuba, a pesar de su por ahora carencia de suficientes hoteles, vuelos comerciales, uso de tarjetas de crédito, ferris, cruceros y yates, provocaría cierta desviación y sobre todo en el caso de los cruceros, pues sus turistas viven a bordo. Ya con su incremento de un 38% en cinco meses, Cuba ha devenido en el segundo destino, después de nosotros, para el turismo caribeño. Zonas francas, turismo y azúcar, tres grandes pilares de nuestras fuentes de divisas.

Algunos alegarán que la transformación de Cuba, siguiendo el modelo de China y Vietnam, un libre mercado con inversión extranjera, pero con un fuerte control político, un partido único y ausencia de libertades, no permitiría que esa isla pueda desarrollar su potencial. Les invito a estudiar los flujos turísticos y las zonas francas de Vietnam y China.

Lo que está ocurriendo en Puerto Rico implica menos remesas procedentes de allí y tal vez el retorno de algunos de nuestros compatriotas y hasta la emigración de algunos puertorriqueños hacia nuestra isla, tal como ocurrió a principios del siglo veinte.

¿Y si Venezuela implosiona y desaparece Petrocaribe? A pesar de que al comprarle petróleo a menos de US$40 el barril la proporción, que según su fórmula matemática, se financia en términos muy generosos ha disminuido, el alivio para nuestra balanza de pagos y presupuesto sigue siendo muy alto.

¿Qué hacer? ¿Diversificar? ¿Hacia qué?
Cuba, Puerto Rico, Venezuela y por falta de espacio no he mencionado a Haití. ¿Cuatro amenazas? Ha ido disminuyendo el peligro de huracanes en el Caribe, dado el cambio climatológico, pero los cambios climatológicos políticos han creado el potencial de nuevos tipos de ciclones, y en nuestra zona para esos fines no contamos con el muy predecible “Weather Channel” para advertirnos de su llegada. El mediano plazo dirá. Mientras tanto seguimos bajo el hechizo del síndrome de Tatica, la virgen salvadora.

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