Washington— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este viernes que la cumbre del G20 de 2026 se llevará a cabo en un resort de su propiedad, ubicado en la ciudad de Miami, Florida.

Será la primera vez en casi 20 años que el país norteamericano acoge el encuentro de las principales economías del mundo.

«Al celebrar el 250 aniversario de nuestra nación el próximo año, Estados Unidos tendrá el honor de ser anfitrión de la cumbre del G20 por primera vez en casi dos décadas», expresó Trump en declaraciones desde el Despacho Oval.

La última ocasión en la que Estados Unidos fue sede del G20 fue en 2009, cuando la ciudad de Pittsburgh albergó el evento.

    Un resort privado como sede oficial

    Trump detalló que la cumbre tendrá lugar en el Trump National Doral, un resort de lujo de su propiedad en Miami.

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    «Todos quieren que sea ahí porque está justo al lado del aeropuerto», argumentó el mandatario, quien también afirmó que “no gana dinero” al ceder su recinto como sede.

    El complejo turístico cuenta con más de 300 hectáreas, cuatro campos de golf, y se sitúa a tan solo 10 kilómetros del Aeropuerto Internacional de Miami, lo que, según el presidente, lo convierte en un lugar estratégico para recibir a los líderes del mundo.

    Durante el anuncio, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, respaldó la decisión, señalando que “tomar la sede de la cumbre significa que Estados Unidos mostrará lo que tiene para ofrecer con el liderazgo del presidente Trump”.


    EE.UU. relevará a Sudáfrica en la presidencia del G20

    Tras confirmar la sede de 2026, Trump anunció que no asistirá al G20 de este año, que se celebrará en Sudáfrica.

    En su lugar, representará al país el vicepresidente J.D. Vance.

    El presidente estadounidense ha sido crítico con el gobierno sudafricano por diferencias políticas con su actual líder. Sudáfrica asumió la presidencia rotatoria del G20 el 1 de diciembre de 2024, y la mantendrá hasta el 30 de noviembre de este año, cuando Estados Unidos tomará el relevo.

    La elección del Trump Doral como sede para la próxima cumbre genera expectativas y posibles controversias, dada la relación directa entre el recinto y el presidente anfitrión. Sin embargo, la administración defiende que se trata de una decisión logística conveniente para los participantes del foro.