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Trump y el neofascismo

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Narciso Isa Conde
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La reentrada de Trump y su vicepresidente a la Casa Blanca –custodiados por Elon Musk- abre cancha al auge de las nuevas derechas y al variado torrente neofascista continental y mundial.

Previamente, el impacto degradante del capitalismo neoconservador, desbrozó caminos a las ultraderechas y a nuevas modalidades del fascismo, conocidas como neofascismos.

El fenómeno no es nuevo, pero si diferente, sobre todo en su fase actual. En su matriz está el ultraderechismo histórico, que incluye el fascismo que simbolizaron Hitler, Mussolini, Franco y otros tiranos europeos, seguidos de oprobiosas dictaduras militares latino-caribeñas. Nueva es su readecuación.

Las fuentes y expresiones más comunes y tradicionales del neofascismo son el despotismo (negación progresiva de la democracia liberal), el racismo derivado de supremacía blanca colonialista, la xenofobia, el machismo y la homofobia, potenciadas con sus discursos cargados odios.

En los nuevos fascismos (Trump, Bolsonaro, Noboa, Milei, Bukele, Uribe…) esas fuentes se entremezclan con la privatización o apropiación privada del patrimonio colectivo de las sociedades, incluido el patrimonio natural.

También abrazan las falacias del libre mercado, de la libertad de precio y la competitividad sin límites; precisamente en esta época de predominio y control de los mercados por los grandes monopolios y oligopolios capitalistas, transnacionales y locales.

El neofascismo incorpora para sí el individualismo extremo y la insolidaridad de la era neoliberal, el consumismo desbocado y la mercadología que explota emociones personales, aplasta el razonamiento crítico e impone la era de las mentiras y medias verdades.

En esa misma coordenada, contrapone el individuo al estado, desplaza ideológicamente la contradicción capital trabajo y encubre la injusta relación causal mega capitalistas vs pueblo empobrecido.

Remodela en mayor grado el Estado, despojándolo aún más de la propiedad empresarial, de la gestión económica y de su rol social.

Endiosa con más intensidad el mercado, procura anular o restringir al máximo las conquistas y beneficios sociales, políticos, económicos y culturales del pueblo trabajador.

A la vez, agiganta el estado en lo militar, en sus mecanismos de protección del gran capital privado, local y transnacional y en sus asociaciones e instrumentos de cogestión con el empresariado privado y financiamientos para la expansión del capital, maximizando sus ganancias y el rol de medios enajenantes.

Aplasta toda expresión de soberanía real frente a la dominación imperialista y a la vez reformula un seudo- nacionalismo que se nutre del racismo, la xenofobia, la ignorancia y la alienación ideológica.

El cóctel de ingredientes es más amplio, pero por hoy lo dejo ahí para observar cómo se lo toman Abinader, Leonel y comparsa.

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