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Un diálogo abierto

Un diálogo abierto
Mario Rivadulla

Mario-Rivadulla-3001Fue en extremo prolongada y debatida la sesión de la Organización de Estados Americanos, celebrada al día siguiente de que su Secretario General, el ex canciller uruguayo Luis Almagro invocara la Carta Democrática Interamericana para Venezuela, en una extensa misiva dirigida al Presidente del Consejo Permanente de la institución, el argentino Juan José Azcuri.

En el documento de 132 páginas, se ofrece un exhaustivo análisis no solo de la crisis política en que se abate la nación bolivariana sino también del deterioro de su economía a consecuencia del desplome del precio internacional del petróleo, del cual depende más del noventa y cinco por ciento de sus ingresos; el crónico desabastecimiento que sufre la población en artículos de primera necesidad, incluyendo medicamentos; el notable incremento de la delincuencia, mal que arrastra el país desde mucho antes; el disparo de la inflación que se teme pudiera sobrepasar el 200 por ciento y las consiguientes tensiones de carácter social que se derivan.

Al parecer el contenido de este no fue conocido durante el maratónico encuentro en que delegados de los 34 países participantes discutieron por espacio de diez horas en torno a una declaración propuesta por el gobierno de Argentina hasta lograr el consenso de la totalidad, a excepción de Paraguay, cuyo representante reclamó, sin encontrar eco, que en la misma se incluyese el tema del referendo revocatorio aprobado por el Parlamento y que trata de llevar a vías de hecho la oposición. Durante la sesión, en la que estuvo ausente Almagro, no se le permitió hacer uso de la palabra a su jefe de gabinete Gonzalo Koncke. Este se manifestó “desconcertado” por la negativa.

La declaración aprobada expresa el apoyo de los países miembros a un “diálogo abierto”, encaminado a tratar de encontrar una solución “pronta” y “efectiva” a la crisis de la grave situación política por la que atraviesa Venezuela. Orientado en esta dirección, el documento extiende su respaldo a la gestión mediadora que están llevando a cabo los ex presidentes Leonel Fernández y Martín Torrijos de Panamá y el penúltimo jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.

El tema de Venezuela tiene que ser asumido en gran medida como propio por nuestro país, por lo que procede incluirlo en nuestra presente agenda de temas de alto interés. Las razones son sobradas.

Cuentan de entrada el interés humanitario y el sentimiento de solidaridad con el hermano pueblo venezolano, en estos momentos envuelto en un cada vez más preocupante clima de confrontación que es preciso superar antes de que derive en hechos penosos y situaciones irreparables de incierto futuro.

De suma importancia por otra parte, contribuir a mantener en lo posible una atmósfera de sosiego en la región y colaboración de los países que formamos parte de la que según muchos debiera ser la gran patria latinoamericana, sueño frustrado de Bolívar, donde al margen de diferencias ideológicas o sistemas de gobierno, las discrepancias y conflictos puedan ser resueltos por la vía sensata del diálogo posibilitando la coexistencia dentro de la diversidad. Todo aporte en este sentido resulta valioso y se convierte en un deber moral.

Demás resaltar las cálidas relaciones que siempre hemos mantenido con Venezuela y los intereses comunes que compartimos. En nuestro territorio ha encontrado acogida un número creciente de venezolanos, gran parte de los cuales han invertido aquí sus capitales, contribuyendo al crecimiento económico del país y a la generación de riqueza y empleos e integrando una comunidad significativa y respetable.

Y finalmente, la circunstancia de que sea un ex presidente dominicano, en este caso el doctor Leonel Fernández, quien figure entre los tres ex jefes de estado seleccionados para servir de mediadores en el conflicto. Igual el hecho de que la República Dominicana esté desempeñando un papel protagónico como escenario geográfico de tan oportuno esfuerzo.

Precisamente entre el 13 y el 15 de este mes, nuestro país servirá de sede a la Asamblea General de la OEA, donde seguramente el Secretario General del organismo hará invocación de la Carta Democrática si para ese entonces no se ha encontrado un camino de solución a la crisis.

No es tarea fácil. Las posiciones adoptadas son extremistas y los actores se muestran radicalmente antagónicos y hasta ahora poco proclives a ceder espacio a una salida pacífica. De desear que los mediadores puedan vencer su resistencia y lograr por el bien de Venezuela y su pueblo tanto como del propio sistema interamericano, que se avengan a un acuerdo que necesariamente requerirá como primer paso indispensable la amnistía y liberación de los presos políticos, algo a lo que Maduro se ha

negado de manera sistemática. La apuesta por el diálogo es riesgosa, pero quizás no del todo imposible si la sensatez termina por imponerse.

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