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Un país al revés

Un país al revés
Narciso Isa Conde

Vivimos en un país al revés: con la cabeza hacia abajo y los pies hacia arriba.

Donde a la dictadura constitucional la llaman democracia.
A los “capos de tuti capi” les dicen presidentes.
A los sicarios…activistas.
A la impunidad… justicia.
A los narcos…empresarios o accionistas.
Al negocio político… alianza.
Al progreso… corrupción.
A la podredumbre, política.

Un país donde a ciertos tramposos le dicen estrategas o mercadologos
A las mentiras…información.
A los embustes…transparencia.
A ciertos canallas…jueces.
A la banda criminal…policía nacional.
A los depredadores…granceros.
A los chupa sangre… corporaciones.
A los asaltantes… banqueros.
Al “saltapatrás” y al “come frío”…clase media.
Al tigre…licenciado, cuando no…doctor.
Y al feminicida adultero se le celebra considera víctima del adulterio

Un país en el que los votantes son clientes, la ciudadanía clientela,
los votos mercancías, las elecciones mercados y los candidatos “activos” empresariales.
En el que los gobernantes atracan las estadísticas y se roban las cifras.
Donde los órganos antidrogas son cárteles.
Las fronteras… negocios altamente lucrativos.
Las mujeres mercancías del negocio masculino.

Un país al revés, donde todo está trastocado.
El PRD se pasó al PLD.
El PRSC al otro PRD (PRM).
El balaguerismo está con los tres: PLD, PRD Y PRM.
La partidocracia se convirtió en compañía por acciones y en corporaciones: en mega-empresas súper-empresas, micro-empresas y ventorrillos.
Los políticos pasaron a ser capos y los capos se convirtieron en políticos.

Un país donde a ciertas “izquierdas” les encanta besuquearse con las derechas.
En el que los partiditos mutaron a sanguijuelas y los jefes militares se engancharon a terratenientes y grandes negociantes, y hasta donde hay obispos-empresarios.
Donde los bancos y la USAID crean “sociedad civil”.
A los jefes de las mafias políticas y empresariales se les condecora.
A los políticos delincuentes y militares asesinos se les honra en vida y también post-mortem.

Un país donde no se sabe si el Estado es superestructura de la sociedad capitalista o fuente enlodada de capital originario; ni si los capitalistas son privados, estatales o gubernamentales; dado que los políticos son capitalistas o quieren serlo, y los/as empresarios/as invierten en política y se meten a políticos/as para hacer negocios.
Al empobrecimiento lo llaman pobreza.
Al enriquecimiento… emprendedurismo.
Al crecimiento de los de arriba… desarrollo.
El éxito es sinónimo de engañar, explotar, depredar, saquear, robar y matar.
El trabajo dejó de generar riquezas, porque ellas brotan por arte de magia del capital y del Capitolio.
Los encargados de prevenir, perseguir y sancionar delincuencia son los jefes de la delincuencia.
El “imperialismo” se llama Haití, intervenido por EEUU.
Las migraciones de los/as empobrecidos/as son invasiones.
El Congreso se parece a la cueva de Alí Baba y el Palacio Nacional también.
Las altas cortes ni son altas ni son cortes.
Las alcaldías… escuelas primarias de delincuencia.
La JCE… fábrica de fraudes y oficina de compra a sobre-precio de scaners y capta huellas inservibles.

Y todavía hay quienes quieren abandonar la ruta verde de la esperanza para repetir aquello de la búsqueda de cuotas en el lodazal electoral.
Al parecer le es rentable, o más cómodo, o menos riesgoso, no entender que este país no se endereza dejándolo al revés.
Que solo las multitudes en las calles, creando poder constituyente y soberanía, pondrán al país de pie.

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Nada nuevo bajo el sol,la misma espuma.

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