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Miércoles, 26 de febrero, 2020

Un sistema en descomposición

Un sistema en descomposición
Rafael Chaljub Mejía

El acto terrorista que mató al general iraní Qassen Soleimani, muestra una vez más el nivel de descomposición a que ha llegado el sistema capitalista en el país que lo encabeza. Donald Trump, que busca la reelección, necesita un foco de tensión internacional para ganar simpatías en determinados sectores norteamericanos; desviar la atención del juicio político que tiene pendiente; darle oxígeno a una industria de guerra que necesita vender sus armas; y colocarse él mismo como el jefe de Estado indispensable en la lucha por el control mundial que le disputan otras grandes potencias. En consonancia con esto último busca, además, restaurar el golpeado prestigio de superpotencia de los Estados Unidos.

Pero lo del atentado a Soleimani va mucho más allá de las necesidades políticas circunstanciales de un presidente, así sea tan reaccionario y belicista como Trump. Es una expresión más del mal de fondo que mina las bases de un sistema que se agota.

Al redactar su obra El Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo, y definir los rasgos del mismo, el Maestro Lenin sentenció que el imperialismo es el capitalismo agonizante y en descomposición. De ahí su orientación políticamente reaccionaria, su línea militarista y su resolución a pasar por encima de todas las barreras jurídicas, morales y humanas.

Ya en los tiempos del George Bush, a raíz del episodio de las torres gemelas, el gobierno yanki aprobó oficialmente la intervención de los teléfonos privados; los arrestos por tiempo indefinido por simple sospecha, sin formación de causa a los ciudadanos detenidos; el uso de la tortura contra los prisioneros y, de forma desvergonzada y desafiante, los atentados y asesinatos contra jefes de estado y altos funcionarios extranjeros.

Los horrores de las cárceles de Irak, las atrocidades contra los prisioneros en Guantánamo, los traslados y encierros de prisioneros en cárceles secretas instaladas en suelo europeo y ahora, este atentado mortal en una de las regiones más sensibles y neurálgicas del planeta, son eslabones de la misma cadena, frutos enfermos de la misma línea y expresiones de la crisis en que Norteamérica se debate.

Siendo así, la paz mundial está en creciente amenaza. Los pueblos, las naciones y los estados amantes de la paz están emplazados a movilizarse para detener la mano que atiza las llamas devoradoras de una nueva guerra mundial y así impedir que al derrumbarse, la superpotencia imperialista los arrastre al abismo.

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