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Un wikileak imaginario

Un wikileak imaginario
Bernardo Vega

Embajada norteamericana, Santo Domingo

Esta embajada no sabe si es o no cierto que el senador Félix Bautista entregó dinero al presidente Michel Martelly y a una candidata presidencial haitiana, con fondos procedentes de contratos de construcción en Puerto Príncipe, financiados con recursos de Petrocaribe.

De ser falsa la información, implicaría que, una vez más, en las elecciones dominicanas se manipula el tema anti haitiano. Hasta la fecha lo había utilizado el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y sus aliados contra el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) cuando José Francisco Peña Gómez fue candidato, y significaría que ahora lo usa el PRD al filtrar que políticos peledeístas sobornan a políticos haitianos.

De ser cierta la información, ésta debe de ser analizada desde dos ángulos: (1) su efecto sobre las relaciones domínico-haitianas así como internamente en ambos países, y (2) el papel de Venezuela en estas operaciones.

Una búsqueda rápida de nuestros archivos indica que ésta sería la primera vez, desde los tiempos del general Rafael Leonidas Trujillo, en que el gobierno dominicano supuestamente entrega dinero en procesos electorales haitianos. El objetivo obviamente sería influir sobre el gobierno haitiano para beneficio del PLD y sus contratistas.

El gobierno haitiano en años recientes se ha quejado de las múltiples exigencias de transparencia por parte de la ayuda norteamericana, europea y de las agencias internacionales. Sin embargo, los fondos que provienen de Venezuela bajo Petrocaribe los puede utilizar a su libre albedrío. De esa ayuda US$385 millones fueron adjudicados el año pasado a empresas del senador Bautista, bajo el mandato del ex primer ministro Jean-Max Bellerive.

Esas empresas presumiblemente fueron seleccionadas para que contribuyeran con dinero a la campaña electoral haitiana. Se alega que Martelly recibió US$2.6 millones, parte de esa suma cuando ya era presidente como también se dice que recibió dinero la candidata presidencial, Mirlande Manigat.

Dadas las históricamente difíciles relaciones entre los dos países, el hecho de que el presidente haitiano recibiera dinero de parte de un senador dominicano podría crearle serios problemas a Martelly al ser identificado como “el candidato o presidente de los dominicanos”, como ocurría en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Además, sus relaciones con su Parlamento, ya difíciles, podrían empeorar.

Ya en el periódico más importante de Haití el periodista Frantz Duval publicó bajo el sugerente título: “Un nuevo amo se instala”, un artículo donde dice: “Nuestros niños están en sus escuelas, sus productos en nuestras mesas, nuestros políticos comen en sus pesebres y su presidente es nuestro portavoz en el escenario internacional. De arriba a abajo en la sociedad haitiana una nueva atadura de dependencia se establece”. Esa percepción estimula el anti dominicanismo entre nacionalistas haitianos.

El ex primer ministro Gary Cornille, quien se caracterizó por su excelente labor en la comisión internacional que dirige el ex presidente Clinton, de quien es amigo, fue quien ordenó una auditoría de esos contratos y se dice que por eso fue presionado a renunciar. No es una coincidencia que el representante de la Minustah viajó a Santo Domingo a visitar al presidente Fernández pocas horas antes de su renuncia. Estamos copiando a nuestra embajada en Puerto Príncipe para conocer su reacción.

Por otro lado, en la República Dominicana la “internacionalización” de su cultura de corrupción puede influir en el resultado de las próximas elecciones. Si hubiesen ordenado un “focus group”, los altos directivos del PLD probablemente no hubiesen apoyado públicamente a Félix Bautista y eso puede costarle muchos votos.

Venezuela permite, adrede, la corrupción en el uso de sus voluminosos préstamos. En la República Dominicana esos fondos entran al presupuesto general, su uso no es especificado y pueden aplicarse tanto para aumentar la ya excesiva nómina pública, como en obras públicas sobrevaluadas.

En Nicaragua el Departamento conoce el uso político de esos recursos por parte de los sandinistas. Desconocemos la situación en Cuba.

El presidente Chávez ha estado tratando de que Haití se incorpore a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA) y, hasta su enfermedad, tenía planeado celebrar una reunión de cancilleres del ALBA en Jacmel, ciudad desde donde salió en 1816 una expedición de Simón Bolívar. El hecho de que fondos de la ayuda venezolana terminen, a través de dominicanos, en bolsillos de políticos haitianos ayuda al objetivo de la entrada de Haití al ALBA.

La muy reciente decisión de Chávez de permitir al gobierno dominicano pagar su deuda de Petrocaribe, unos US$50 millones al año, no a través de reembolsos directos al gobierno venezolano, sino entregando obras y bienes (por ejemplo, estufas de gas) al gobierno haitiano, por supuesto también se presta a corrupción en ambos lados de la frontera de esta desafortunada isla.

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