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Una alianza sin precedentes

Hay que afirmar la idea: Es indispensable formar la más amplia coalición de fuerzas para lograr un cambio de gobierno que inicie una transición democrática y abra nuevos horizontes a la vida política del país. Esa no es tarea sencilla. Tenemos el obstáculo de un partido que se ha sembrado en el poder y hace todo lo posible por retenerlo. Bajo el gobierno de ese partido la institucionalidad se está precipitando hacia el colapso. Aquí existe una constitución con muchos aspectos avanzados. Leyes buenas e instituciones con nombres muy rimbombantes. Todo eso se se va al suelo ante la voluntad del ejecutivo y cuando la institucionalidad sucumbe, los únicos que salen ganando son los poderosos, mientras los demás sufren las consecuencias.

Eso hay que cambiarlo y avanzar hacia una nueva realidad donde el ejercicio democrático no sea una simple frase. Para eso hay que lograr un cambio de gobierno y tampoco eso es cosa sencilla. El partido oficialista maneja recursos enormes para imponerse y entre sus haberes está el hecho de que tiene una importante porción del electorado a su favor. Así, para vencerlo en el campo electoral la mera alianza universal de los partidos opositores, no basta por sí misma. Es indispensable pero no es suficiente. De ahí la necesidad de que a la eventual alianza de todos esos partidos se agregue el concurso unido de todas las fuerzas cívicas, populares, sociales, que puedan ser unidas para formar una masa humana contra la cual no puedan prevalecer ni las presiones, ni el soborno. Por esa composición tan diversa, se trata de una alianza sin precedentes. Hemos visto grandes alianzas, como las prohijadas por el doctor

Peña Gómez en otros tiempos, pero ninguna como la que debemos procurar en estas circunstancias.

El otro aspecto que la hace sin precedentes es que esa gran coalición debe basarse en un programa común, que contemple las reformas que la democratización de la vida nacional y del ejercicio gubernamental requieren. Por eso son tan saludables los esfuerzos que, desde espacios diversos, como el Congreso Cívico del que, junto a otros ciudadanos, vengo formando parte, realizan actualmente otros hombres y mujeres para fundar entre todos una fuerza cívica, no partidista, pero con vocación política y de poder, y contribuir a esa alianza sin precedentes de la que en otras entregas habrá que seguir tratando.

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