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Una crónica anunciada

Una crónica anunciada
Una crónica anunciada

Mario-Rivadulla-3001Para nadie, excepto quien padezca de extrema ceguera partidaria, podía ser secreto la victoria electoral de Danilo Medina. Esta era una crónica anunciada. Quizás, a lo más, nunca pensando que a pesar de los números arrojados por las principales encuestas, pudiera haber resultado tan aplastante en la realidad de las urnas, a fin de cuentas la única que lleva realmente al poder.

Aún sin haber finalizado los escrutinios, como una tendencia sostenida y a todas luces irreversible, el mandatario ha sido reelegido con un 62 por ciento de sufragios a su favor en números redondos, una cifra sin precedentes. Su ventaja sobre Luis Abinader que intentó seguirle los pasos, es de unos 26 puntos. Aún sumando los votos de los demás partidos de oposición, apenas lograrían llegar a 38, todavía otorgándole a Danilo Medina 24 puntos por delante, lo que da una idea de la contundencia de su victoria.

Su triunfo era lógico esperarlo, después que a lo largo de su gestión de gobierno ha estado recibiendo de manera consistente unos niveles de aprobación que, en ocasiones, han rondado el noventa por ciento, por encima de todos los demás mandatarios del Continente.

¿Se justifica este alto nivel de aprobación a su gestión y de respaldo electoral?

Danilo Medina, el lo sabe y jamás ha tratado de serlo, no es un líder de masas. No posee el verbo fogoso que despierta pasión y mueve multitudes fervorosas como lo fue Peña Gómez. Es, en cambio, un notable estratega político; uno de los arquitectos, junto al desaparecido Miguel Cocco, de la victoria electoral del PLD, ya transformado en partido de masas, que en 1996 por vez primera llevó al partido morado al poder y a Leonel Fernández a la presidencia.

Trabajador incansable, político de carrera y a tiempo completo, se estuvo preparando afanosamente durante los cuatro años de ostracismo que mediaron entre el 2008 y 2012 para elaborar el proyecto político que primero lo llevó a la Presidencia y luego, al

ejercicio de gobierno que ha desempeñado con suficiente éxito para ganar la oportunidad de un nuevo período en la forma contundente en que lo ha logrado.

En su gestión, como en toda obra humana, hay luces y sombras. Pero sin dudas, las primeras superan con mucho a las últimas. Ocioso hacer el recuento de sus aciertos, desde los afanosos empeños a favor de la educación a la modalidad de las visitas “sorpresa”, la exitosa modificación del contrato de la Barrick hasta el impulso a la micro, pequeña y mediana empresa, como muy contados ejemplos de un recuento que resultaría demasiado exhaustivo para comprimirlo en la obligada brevedad de una columna periodística.

Lógicamente quedan asignaturas pendientes. Negarlo sería como pretender tapar el sol con un dedo. La Seguridad Ciudadana en primer término. Todas las encuestas coinciden en señalarla como principal motivo de preocupación de la gente. Lograr una mejoría significativa en este aspecto pudiera marcar la huella de su nueva gestión. Seguir impulsando y modernizando la educación; discutir y concertar los Pactos Eléctrico y Fiscal; mantener el crecimiento de la economía, apoyar la industria nacional e incrementar las exportaciones; promover las condiciones para la creación de un mayor número de empleos y una más equitativa distribución de la riqueza; dar un sostenido apoyo a la agricultura y la ganadería para garantizar la Seguridad Alimentaria; mejorar los servicios de salud; seguir reduciendo el déficit fiscal, adecuar y ampliar la Seguridad Social hasta alcanzar cobertura total; impulsar el desarrollo de la frontera y enfrentar el grave problema de la inmigración ilegal y la siempre compleja relación con el inestable vecino así como usar puño de acero contra la corrupción y el enriquecimiento ilícito, son otros tanto temas que deben figurar en su agenda de prioridades.

Por lo demás, pasada la fiebre electoral, en unas elecciones que han sido altamente participativas, donde se votó libremente y con todas las garantías en un proceso limpio, ejemplar, organizado y transparente, ya con el veredicto de las urnas que refleja la voluntad del electorado, falta solo felicitar al pleno de la JCE y todo su personal por el excelente montaje de las elecciones; a todos los electos, al partido de gobierno y sus aliados por la victoria alcanzada exhortándoles que se muestren humildes y magnánimos y a los perdedores, para que asuman la derrota con gallardía, analicen los posibles errores que hayan podido

cometer, desarrollen una oposición constructiva y se preparen con vistas a futuras contiendas.

Ahora procede dejar atrás el ayer, proyectar la vista hacia el futuro y trabajar de firme y unidos por lograr el ideal de la mejor nación a que aspiramos.

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Comentarios

Sin lugar a dudas, quien redactó este artículo tiene el más fino desenvolvimiento en sarcasmo literario. Porque es sarcasmo, ¿verdad? La línea que mejor lo describe es «todas las garantías en un proceso limpio, ejemplar, organizado y transparente». Por favor, ya entréguenle el Nobel de Literatura por su libro de «cuentos de ficción y sarcasmo literario».

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