REDACCIÓN INTERNACIONAL.- Una nueva confesión sobre el pantano de corrupción en que parece haberse sumergido Brasil agravó hoy la ya delicada situación del presidente, Michel Temer, y alcanzó además a sus antecesores Dilma Rousseff y Luiz Inácio Lula da Silva.
Esta vez, las revelaciones partieron de los directivos del grupo JBS, que en un acuerdo de cooperación judicial confesaron que pagan sobornos a Temer desde 2010 y que, desde el año 2005, distribuyeron entre Lula y Rousseff la suma de 80 millones de dólares, siempre por los «favores» realizados desde sus posiciones de poder.