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Una operación que le cambiaría la vida

El sudor que perlaba la frente de los ocho especialistas se hizo más intenso cuando restaban cinco minutos para terminar la operación, y se tornó frío horas después cuando esperaban los resultados de su intervención. No importó que el clima en Viena no fuera el mejor. Ni siquiera la humedad o el olor propio de los quirófanos y de los pasillos del Hospital Universitario. Nada contaba. Sólo la evolución de su paciente.

Aquél era el primer trasplante de lengua que hacían en un ser humano. Su hazaña explica la tensión que les embargaba. No había sido fácil. Pero sabían que si la recuperación del enfermo se daba exitosamente, habrían salvado un gran obstáculo y estarían aportando, a su manera, un nuevo grano de arena en los avances científicos de los últimos tiempos.

Ese pequeño órgano lo debieron retirar debido al avance agresivo de un tumor que amenazaba colonizarle gran parte de la cavidad bucal. El reemplazo parecía una locura. Pero decidieron hacerlo. Algo nunca visto. Muy complejo, sobre todo tratándose de unir las terminales nerviosas. Pero lo lograron. Hoy el hombre de 42 años pronuncia frases completas, y con la terapia indicada, los médicos suponen que pronto estará bien.

¿Ha pensado alguna vez cuán diferente sería su vida si pudiera operarse un cambio en la lengua? Sí, aunque pueda parecerle gracioso. Medite en la posibilidad de que su disposición a criticar, juzgar y señalar, pudiera ser transformada al trasplantarle un órgano nuevo. “Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal”, Santiago 3:8.

La lengua es el miembro del cuerpo más difícil de dominar, y tiene la posibilidad de ocasionar el mayor daño. La manera en que usted usa su lengua es un indicio bueno de su relación con Dios. La lengua habla lo que está en el corazón. Si usted habla mal, eso significa que hay maldad en su corazón, “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34).

“Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre” (Mateo 15:18). Santiago enseñó fuertemente acerca de lo que concierne a la lengua. “Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana”, (Santiago 1:26). “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo” (Santiago 3:2). Él compara la lengua a un freno en la boca de un caballo que controla los movimientos del caballo, al timón pequeño que controla a una nave grande, y a un incendio pequeño que puede ocasionar grandes problemas. La lengua puede contaminar al cuerpo entero. Solo el poder de Dios puede dominarla (Santiago 3:1-13).

¿Ha pensado alguna vez cuán diferente sería su vida si pudiera operarse un cambio en la lengua? Sí, aunque pueda parecerle gracioso. Medite en la posibilidad de que su disposición a criticar, juzgar y señalar, pudiera ser transformada al trasplantarle un órgano nuevo.

Sin duda, muchos estarían tentados a someterse a una intervención quirúrgica así. Pero serían pocos los que dieran un paso adelante. Ellos admiten quizá que son demasiado criticones. Sin embargo, la gran mayoría se inclinaría por un cambio de actitud. Ese es el centro del asunto. Si nos disponemos a poner guarda a los labios, evitaremos muchos problemas.

Job, un autor bíblico de la antigüedad, escribió: “Que todo el tiempo que mi alma esté en mí, Y haya hálito de Dios en mis narices, Mis labios no hablarán iniquidad, Ni mi lengua pronunciará engaño. Nunca tal acontezca que yo os justifique; Hasta que muera, no quitaré de mí mi integridad.” (Job 27:3-5).

“Sean gratos los dichos de mi boca delante de ti, Oh Jehová” Salmo 19:14. Observa que todo parte de una actitud. Está en su corazón y en el mío. Disponernos a ahorrar palabras que puedan causar dolor, limitarnos a lo necesario y medir cuidadosamente el alcance de todo cuanto decimos. Es una forma de testimoniar el cambio. Lo mejor de todo es que, con ayuda de Dios, podemos lograrlo. ¡Comience hoy!

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