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Domingo, 31 de mayo, 2020
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Una postura insensata

Una postura insensata
Mario Rivadulla

La OMS ha declarado como pandemia el avance del corona virus, reportando más de 118 mil afectados y cerca de 5 mil muertes en 114 países a los cuales se ha extendido el  contagio, recomendando a los gobiernos adoptar medidas excepcionales de prevención.

En China Continental, donde surgió el brote, si bien las medidas adoptadas para frenar su expansión parecen estar dando resultado, todavía está lejos de poder afirmar que se ha controlado el mismo.

Italia, donde el número de víctimas fatales se acerca al medio millar, se ha declarado en cuarentena casi absoluta que abarca a sus sesenta millones de habitantes, y salvo los negocios de primera necesidad, se han suspendido todas las  actividades por lo que el país está prácticamente paralizado.

En Latinoamérica, hasta ayer, la OPS reportaba mil 192 casos y unas 30 muertes así como medidas excepcionales en casi todos los países, incluyendo colocar en cuarentena a todos los viajeros procedentes de China y Europa.  Guatemala y El Salvador han prohibido la entrada de extranjeros al país por temor al contagio.

En los Estados Unidos, donde ya se reportan decenas de muertes, el presidente Donald Trump ha dispuesto un presupuesto especial de 8 mil 300 millones de dólares para enfrentar los efectos del virus, al tiempo de suspender por un mes los viajes hacia y desde Europa.

En distintos países se han suspendido las clases en los colegios.  Numerosos e importantes eventos deportivos, artísticos y culturales han sido cancelados  Las propias Olimpiadas de Tokio corren también el riesgo de no poderse celebrar.

El precio del petróleo se ha desplomado, al igual que la Bolsa de Nueva York. Los mercados financieros están sintiendo el impacto negativo originado por la pandemia. Las aerolíneas registran pérdidas millonarias debido a la cancelación de vuelos y una línea aérea  británica que se encontraba en proceso de recuperación con ayuda del gobierno ha debido declararse en quiebra por ese motivo. En tanto, las agencias turísticas prevén que la industria, de tanta importancia para nuestro país, sufrirá una merma de entre 50 y 60 mil millones de dólares, sobre todo en los destinos enclavados en Asia y Africa.

En el país, si bien hasta ahora han sido contados los casos reportados, y al parecer la situación se ha podido mantener hasta el momento bajo control, se ha generado un justificado clima de temor generalizado, que en no pocos casos llega a extremos de pánico ante la posibilidad, por demás cierta, de que pueda desatarse una epidemia de amplias proporciones frente a la cual hay que estar conscientes de nuestra limitada capacidad de respuesta para lograr controlarla. Ello demanda, por consiguiente, que actuemos con el mayor sentido de unidad y cooperación, y en especial la movilización de todos los limitados recursos sanitarios de que disponemos.

Es en medio de tan preocupante escenario con perspectivas muy reales de que tenderá a agravarse en un tiempo relativamente breve, que se da el contrasentido de que la directiva del Colegio Médico Dominicano que preside, por quinta ocasión, el doctor Waldo Suero decide llevar a cabo una marcha de protesta en reclamo del cumplimiento de reivindicaciones a favor de sus miembros acordadas con el Ministerio de Salud Pública y no cumplidas.

Sin cuestionar el legítimo derecho que asiste al gremio profesional a luchar por mejores beneficios para sus afiliados,   el momento escogido no ha podido resultar más inoportuno y reñido con la noble función que les corresponde de velar por la salud de la población, sobre todo tratándose del segmento menos favorecido, es decir los más pobres.

Pero si cuestionable fue la marcha, y de paso la represiva respuesta policial frente a la misma, mucho más insensata y preocupante la amenaza del presidente del Colegio de que llevarán a cabo actos diarios de protesta, que en medio de las presentes circunstancias no pueden concitar más que el firme rechazo de la población y la demanda de que, caso de mantenerse, las autoridades actúen con la debida energía para poner freno a tal insensatez.

De esperar que no sea necesario y la directiva médica de marcha atrás para asumir en cambio la responsabilidad que le corresponde a la valiosa clase profesional que representa de compartir con las autoridades sanitarias el sagrado compromiso de ser guardiana de la salud y la vida tanto del pueblo dominicano como de todos los que residen en nuestro país.

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