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Una reforma subversiva

Una reforma subversiva
Víctor Bautista

En el Estado la mayoría apuesta a establecerse en zonas de confort, bajo la sombrilla de una burocracia espesa, llena de procedimientos inútiles.

Servir al Estado con compromiso, determinación, enfoque y –sobre todo-  criterios éticos, es una tarea quijotesca que implica también desplazarse por un camino empedrado y lleno de espinas. Se trata de una ruptura con los lugares comunes que acarrea costos y riesgos.

Pensar diferente, hacer las cosas de manera distinta, distanciarse de la manada y no ser del partido puede constituir una desgracia y un gran valladar para el logro de los objetivos.

Decollar como funcionario –sobre la base de un trabajo cualificado,  con persistencia y método, suele crear situaciones muy incómodas, especialmente si los logros se comunican adecuadamente, impactando y creando “top of mind”.

El funcionario eficiente se ve como un competidor, ambicioso, dueño de planes inconfesables, alguien que aplica codazos para abrirse espacio, agresivo, insoportable, advenedizo. Y el colofón inevitable: quiere ser presidente de la República. Esto es suficiente para reducirlo, encerrarlo y hasta convertirlo en caricatura.

En el Estado la mayoría apuesta a establecerse en zonas de confort, bajo la sombrilla de una burocracia espesa, llena de procedimientos inútiles, donde dominan más –como modelo de éxito- las garantías del padrino que el talento y la capacidad.

Romper con ese esquema y tomar otro atajo es colocarse sobre el filo de navaja de los burócratas parasitarios, que en la autodefensa de una especie de derechos adquiridos, con los que justifican su presencia en la nómima, nada dan a cambio que no sea la vagancia y el obstáculo.

Por eso abundan en el sector público las instituciones minusválidas y obesas, imposibilitadas de abandonar el atascadero, sin una meta alcanzada que salve su dignidad, sin un aporte que justifique el costo que representan para los bolsillos del contribuyente.

Lo peor es que –como si se tratase de un broma de mal gusto- algunos de esos lugares aparecen en el ranking de entidades exitosas cuando se les mide con parámetros de árbitros también infuncionales. Necesitamos una profunda reforma del Estado, casi de carácter subversivo.

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