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Uno

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Tony Perez

Ha llegado la hora de que el PRD se convenza de cuán importante es un voto. Y tal vez reconozca de una vez y por todas que era infinitamente mejor tener a un presidente del partido con cara de ogro  pero en silencio e inactivo tras unas primarias para él arrebatadas, que avivado por el azuzamiento, las intrigas y el irrespeto.

Ni siquiera le ha enseñado el antecedente del peledeísta Danilo Medina, en 2007, cuando perdió las internas ante el hoy Presidente Fernández. No ocultó su malestar; hasta dijo ante los medios que le había ganado el Estado y luego renunció a su cargo de ministro de la Presidencia. Jamás, sin embargo, se refirió al tema ni cuestionó al mandatario en lo político ni en lo personal. Y prefirió irse al ruedo a organizar con paciencia de relojero un proyecto político que en este minuto, según las encuestas respetadas, luce ganador en primera vuelta este 20 de mayo.

El candidato Hipólito Mejía duró un año declarando que cuenta con el favor del total de la matrícula perredeísta, mientras menospreciaba el peso político y económico del presidente Miguel Vargas, a quien había vencido de manera pírrica en las discutidas primarias del 6 de marzo de 2011. Hace apenas un par de meses que, lleno de triunfalismo, anunció que “lo saqué mi line-up”.

Quizás por mi ignorancia sobre política vernácula, no había visto un error tan pueril como el manejo dado por Mejía y su equipo de estrategas al caso Miguel.

Miguel Vargas no solo es el presidente del PRD. Fue el precandidato que en la convención de marzo compitió con Mejía y obtuvo un 47 de los sufragantes. Y es un empresario poderoso en el mundo de la ingeniería.

Su primer gran alegato para distanciarme de Mejía ha sido el carácter para él fraudulento de la convención al llevar a votar a militantes de otros partidos como el oficialista de la Liberación Dominicana (PLD). Su segunda queja ha sido el incumplimiento de un protocolo firmado entre ellos para repartirse los cargos gubernamentales conforme los porcentajes obtenidos en el proceso interno. Y otra no menos importante: integrar en la dirigencia de los comandos de campaña en todo el país a miembros del equipo perdedor.

Conocido el peso político y económico del competidor, el sentido común aconsejaba cumplir a pie juntillas el protocolo firmado. Pero la sinrazón nubló el escenario y abrió las puertas a la autosuficiencia, la arrogancia, los chantajes y las amenazas, lo cual provocó que Vargas se alzara hacia la “montaña”. Y allí está rebelado no se sabe hasta cuándo.

Lo que sí se sabe es que él, por muy débil que se empecinen en considerarlo, tiene en sus manos por lo menos un voto: el suyo. Y con el sistema de doble vuelta instaurado para las elecciones de 1996, se gana a partir del 50 por ciento más uno.

Así que el PRD aún no ha entendido esta realidad. Un sector irracional que medra en ese partido es su peor enemigo, pues dondequiera que esa organización tiene presencia y se celebra comicios, solo sabe agredir, calumniar, mentir, restar, alejar, bañar de infamias a quienes se les antoje… En ese mar de difamados hay que buscar luego los votos complementarios, los que ayudan a ganar.

Ante este panorama, es probable que el domingo haya un gran velorio en una funeraria nacional. Y una fiesta multicolor presidida por Danilo Medina.

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