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Urgen esos homenajes

Urgen esos homenajes

Por Julio Cury

Los dominicanos no exaltamos lo nuestro. Quizás sea por temor a la crítica de chauvinismo localizado con que algunos motejan esta particular pasión por los personajes y cosas de su terruño propio, lo cierto es que permanecemos censurablemente indiferentes cuando uno de nuestros grandes poetas, juristas o intelectuales realizan conquistas loables. Por igual, solemos permanecer de brazos cruzados cuando hombres de pelo en pecho se juegan la vida por su causa y por su patria.

En fin, hemos tenido y tenemos grandes muertos y nuestros grandes vivos, pero, en la generalidad de los casos, no le tributamos el reconocimiento que merecen. Que recuerde ahora, solo el músico Juan Luis Guerra ha logrado que le prodiguemos gratitud por haber prestigiado la calidad artística del dominicano y darnos a conocer en el extranjero con una fuerza infinitamente mayor que la de todos nuestros embajadores juntos.

Pero, ¿le testimoniamos en vida el reconocimiento que mereció el eminente jurista Juan Contin? ¿Llegó a recibir manifestaciones de agradecimiento el insigne intelectual e insuperable escritor Juan Isidro Jiménez Grullón? ¿Qué hicimos para agradecerle a Germán Emilio Ornes Coiscou sus valiosísimos aportes a la libertad de prensa? Y por Hatuey de Camps, Mario Read Vittini, Radhamés Gómez Pepín, Hugo Tolentino Dipp, Hamlet Hermann, Rafael Molina Morillo, ¿qué hicimos?

¡Qué va! Vivimos callando, en ocasiones sin intenciones egoístas, los méritos que le asisten a personas que solo logran arrancar en unos pocos el merecido reconocimiento. No son pocos los dominicanos, hombres y mujeres, que se han revestido de dignidad para transitar por este accidentado discurrir que es la vida, personas que han cosechado sobrados lauros en diversos campos del quehacer humano.

Franklin Mieses Burgos, Rafael Herrera, Mariano Lebrón, Montes Arache, Pedro Mir, Juan Lockward, J. Agustín Concepción y tantos más que por razones de espacio no incluyo aquí, ¿recibieron acaso manifestaciones de agradecimiento por sus incuestionables obras y virtudes? Tristemente, no. Por supuesto, eso no significa que seamos insensibles, pues aunque no nos reunamos con los demás para mancomunar esfuerzos a fin de reconocer a quienes bien lo merecen, no les regateamos sus aportes.

Sin embargo, eso no es ni será nunca suficiente; es hora de que aprendamos a movilizar nuestros recursos sentimentales y empecemos a dejar constancia no solo de nuestros valores, sino también de la capacidad del dominicano para honrarse a sí mismo honrando a sus mejores hombres, y si es antes de que emprendan el viaje hacia el misterio, pues mucho mejor.

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