Urgente: La Margarita sin piel de lija

Tony Pérez.

La reacción rápida de la primera dama y candidata vicepresidencial por el oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Margarita Cedeño, ante la denuncia mediática de un político opositor, dueño de un portal y comentarista de la televisión de Santiago, sobre posesión de cuentas multimillonarias en euros en un banco de Dinamarca, confirma su escaso adiestramiento en la práctica política vernácula, pese a los muchos años que lleva junto al Presidente Leonel Fernández, un epidermis de acero capaz de bajarse para dejar pasar como una brisita los peores vendavales, y de responder al adversario cuando entienda pertinente.

En un país donde la impunidad prima y los delitos no avergüenzan, ni son tales sino indelicadezas cuando hay horcones detrás de los infractores, ella ha anunciado, llorosa, el sometimiento ante la justicia de Marcos Martínez, para demostrar –ha enfatizado– la falsedad de tales acusaciones mediáticas, y ha advertido que no permitirá infamias porque ella llegó a la política para cambiarla.

Entendidas sus razones (válidas en tanto es una abogada a quien no se le supone un ápice de estupidez como para rodar por el mundo cuentas al granel); si desea que su corazón no colapse, ella debería construirse otra piel que le permita sobrevivir en el fango hediondo que es la politiquería criolla. O huir temprano hacia otros espacios aromáticos o menos asquerosos donde la difamación, la injuria y los daños a la honra no sean la norma.

Tal “novatada” podría sin embargo representar una oportunidad de oro para comenzar a colocar a la ofensiva al PLD y al gobierno, cuyo talón de Aquiles en esta campaña son las denuncias mediáticas de corrupción por parte del Partido Revolucionario Dominicano, al cual Martínez ha estado ligado desde los años 70.

Bastaría con que presentara ahora una carta-constancia del banco en cuestión negando la existencia de cuentas de tal magnitud a su nombre, y que los estrategas oficialistas hagan el resto de cara al proceso electoral del 20 de mayo.

Independiente del curso legal y tranquilo que ha de seguir la demanda, un desmentido con tal aval tendría casi seguro un efecto cascada sobre acusaciones similares contra otros funcionarios, aunque estas tuvieran méritos para encarcelarlos. Por lo menos sería una lectura posible por una opinión pública hastiada de tanta bulla en los medios de comunicación, sobre todo televisuales y radiofónicos.

Y ese es un riesgo peligroso, no calculado por los adversarios del partido gobernante, en tanto perderían una de las pocas armas que les quedan en la contienda.

Por el lado mediático, lo visto es solo otro ingrediente del gran vertedero que se ha construido ante la indiferencia del Colegio Dominicano de Periodistas. El corporativismo, la improvisación y la politiquería asaltaron al periodismo, y a la ética fue lo primero que repelieron con su cultivado chantaje. Bajo este desorden, cubiertos por el estiércol de la mentira y la manipulación, sobreviven el ciudadano y la ciudadana.

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